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El Ejército y El Cristiano (Martirio de San Maximiliano)

EL EJÉRCITO Y EL CRISTIANO

El Estado es autónomo de la iglesia, por lo cual puede tener su Ejército, no-cristiano, por supuesto.
Cristo, al hablar con los soldados les advirtió sobre la corrupción y la calumnia usuales en su profesión, pero no consta que les dijera nada de dejar el Ejército.
Una nación puede organizar su propia defensa, aunque no es ética la agresión a otra nación.
¿Puede un cristiano matar? No debe matar (ni siquiera lo podemos deducir en las Escrituras en propia y legítima defensa, aunque estas cosas pasen, mucho menos como agresión).
No es de extrañar que Jesús señalara a Pilatos: “Mi Reino no es de este mundo, si mi Reino fuera de este mundo, mi gente hubiera combatido para que no fuese entregado a los judíos, pero mi Reino no es de aquí” (Juan 18:36). Y, cuando Pedro pretende defenderle, le indica: “Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán” (Mateo 26:52)
Tertuliano (160-220): Fue hijo de un oficial romano. Escribe en “De Corona”: “¿Será lícito a alguno adiestrarse en el manejo de la espada siendo así que el manejo de la espada siendo así que el Señor ha sentenciado que a espada morirá el que hiciere uso de la espada? ¿Podrá ir a la guerra un hijo de la paz que ni siquiera osa entrar en litigios?” (cap. 11). A esta misma pregunta responde en el cap.19 de “Idolatría”: “Es imposible porque existe una incopatibilidad entre el compromiso divino y el humano, entre el signo de Cristo y el de Satanás…¿cómo podría combatir, aún más, cómo podría ser soldado en tiempos de paz, el que carece de espada puesto que le privó de ella el Señor?”.
En el Reino de Dios que Jesús predica, ¿puede haber lugar para el crimen? No, y la actitud de la Iglesia Apostólica lo demuestra. Los primeros cristianos no eran soldados y, a menudo si lo eran, recibían la excomunión.
Según el más antiguo reglamento cristiano conocido (el de S Hipólito, s.II-III), se dice: “catecúmeno o fiel que lleguen a ser soldados que sean rechazados porque han despreciado a Dios”. Asimismo, en las constituciones apostólicas de inicios del s. IV.
El centro de todo este asunto es: el Estado es el mundo pagano y, efectivamente, puede matar y hacer muchas otras cosas contra la ley de Dios, pero un cristiano no. Son cosas distintas: mundo frente a creyentes.
“No nos entrenamos para la guerra…sinó para la paz. La guerra exige grandes gastos… sin embargo la paz y el amor no necesitan armas ni gastos ingentes” (“Paedagogus” I, 1100:12, de Clemente de Alejandría, muerto en 205). Por esos gastos ingentes, en Estados Unidos se ha hundido la economía para gran parte de la clase media y media-baja. El “milagro económico” alemán y japonés tras la 2ª Guerra Mundial fue debido a carecer de gastos militares.

…………………..

Los romanos eran muy cuidadosos en los juícios, a pesar de sus muchos excesos, guerras y sus épocas convulsas. Cuando iban a ejecutar a alguien escribían actas del juício. Gracias a ello nos han llegado muchas actas de los mártires de la Iglesia primitiva. He aquí un ejemplo:

Martirio de san Maximiliano

A Teveste (1), durante el consulado de Tusco y Anulino, el día doce de marzo, habiendo comparecido el foro Fabio Víctor junto con Maximiliano y permitida la asistencia del abogado Pompeyo, éste comenzó diciendo:
-Fabio Víctor, temonario (2) se ha presentado con Valeriano Quintino, prefecto de Cesarea, junto con el excelente recluta Maximiliano, hijo de Víctor: como que es apto, pido que le sea tomada la talla.
El Procónsul Dión pregunta:
-¿Cómo te llamas?
Maximiliano respondió:
-¿Para qué quieres saber mi nombre? No me es lícito hacer el servicio militar, porque soy cristiano.
El Procónsul Dión dijo:
-Tomale la talla.
Mientras se la tomaban, Maximiliano replica:
-No puedo hacer el servicio militar; yo no puedo hacer daño; soy cristiano.
El Procónsul Dión dijo:
-Tomale la talla!
Una vez hecho, el oficial proclamó:
-Mide cinco pies y diez pulgadas (3).
Dión dijo al oficial:
-Marquelo.
Resistiéndose a ellos, Maximiliano respondió:
-No. No puedo hacer el servicio militar.
Dión dijo:
-Haz el servicio si no quieres morir.
Maximiliano respondió:
-No lo haré. Córtame el cuello; yo no soy soldado de este mundo, sino soldado de mi Dios.
El Procónsul Dión le preguntó:
-¿Quien te ha líado de esa manera?
Maximiliano respondió:
-Mi alma y Aquel que me ha llamado. Dión dijo a Víctor, su padre:
-Aconseja a tu hijo.
Víctor respondió:
-Él lo sabe, ya tiene suficiente conocimiento para saber lo que le conviene.
Dión dijo a Maximiliano:
-Haz el servicio y recibe la marca (4)
-No recibo ninguna marca  -respondió-. Ya llevo la señal de Cristo, mi Dios.
Dión dijo:
-Enseguida te enviaré a tu Cristo.
-¡Ojalá que lo hicieras ahora mismo! -respondió-. Esta es también mi gloria.
Dión dijo al oficial:
-Márquelo.
Oponiendo resistencia, Maximiliano respondió:
-Yo no acepto la marca de este mundo y, si me la pones, la romperé, porque no tiene ningún valor. Yo soy cristiano, no me es lícito llevar colgado al cuello ese trozo de plomo desde que llevo la señal salvador de mi Señor Jesucristo, hijo del Dios vivo, que tú no conoces, que sufrió por nuestra salvación y que Dios entregó por nuestros pecados. A él servimos todos los cristianos; a él seguimos como líder de la vida, promotor de la salvación.
Dión dijo:
-Realiza el servicio militar y toma la marca si no quieres morir miserablemente.
-No moriré -le respondió Maximiliano-. Mi nombre ya está con mi Señor. No puedo prestar el servicio militar.
-Date cuenta de que eres joven -insistió Dión -, y haz el servicio, que es lo que procede para un joven.
-Mi milicia corresponde para con mi Señor -contestó Maximiliano- No puedo ser soldado de este mundo. Ya lo he dicho: soy cristiano.
El Procónsul Dión dijo:
-En la sagrada comitiva de nuestros señores Diocleciano y Maximiano, Constancio y Máximo, hay soldados cristianos y hacen el servicio militar.
-Ellos sabrán lo que les conviene -respondió Maximiliano-. Sin embargo, yo soy cristiano y no puedo hacer ningún daño.
-¿Qué mal hacen los que hacen el servicio? -preguntó Dión.
-Tú bastante sabes lo que hacen -contestó Maximiliano.
El Procónsul Dión dijo:
-Haz el servicio, no subestimes la milicia si no quieres acabar mal.
-Yo no moriré -respondió Maximiliano-; y, si salgo de este mundo, mi alma vivirá con Cristo, mi Señor.
Dión ordenó:
-Elimine su nombre.
Una vez borrado, Dión dijo:
-Ya que con espíritu insumiso has rechazado el servicio militar, recibirás la sentencia correspondiente -para que escarmienten los demás.
Y leyó la sentencia: «Ordeno que Maximiliano sea pasado por la espada por haberse negado con espíritu insumiso a realizar el juramento de la milicia.”
Maximiliano respondió:
-Doy gracias a Dios.
Había vivido en este mundo veintiun años, tres meses y dieciocho días.
Mientras lo llevaban al lugar del suplicio, dijo:
-¡Hermanos muy queridos! Apresuraros ávidamente con todas las fuerzas para tener la suerte de ver al Señor; que él os otorgue también a vosotros la misma corona.
Y con cara muy alegre dijo a su padre:
-Da a este verdugo el vestido nuevo que me habías preparado para la milicia. ¡Ojalá que te pueda multiplicar el ciento por uno, porque así nos podamos gloriar ambos en el Señor!
Y así sufrió inmediatamente el martirio.
La matrona Pompeyana reclamó el cadáver de Maximiliano al juez y, colocándolo en su litera, lo trasladó a Cartago y lo sepultó bajo la colina, junto al mártir Cipriano, cerca del palacio. Y, cuando la matrona murió, doce días después, fue sepultada allí mismo.
Su padre, Víctor, se volvió a su casa con gran alegría, dando gracias a Dios porque había enviado de antemano un tal regalo al Señor, él que debería seguirle pronto.
Demos gracias a Dios. Amén.

1. Ciudad de la Numidia Cirtense, actual Tebesa.
2. El temonario era el recaudador del temo, un impuesto en metálico para liberarse del servicio militar.
3. Es decir, un metro setenta y ocho. La talla mínima requerida para ser legionario era de un metro setenta y dos.
4. La marca (signaculum) era una plaqueta de plomo que el soldado llevaba en el cuello como signo de identidad. Cf. GUIM, Urbs Roma, III, Salamanca 1985, p. 473, donde comenta precisamente este episodio de Maximiliano.

The Hidden Pearl

THE HIDDEN PEARL

(A true story from Yemen)

-As-salamu aleykum! (= Peace be with you, May God protect you!).
Everyone makes the same friendly greeting: the shy shepherd, the boys on the back of the donkey, the old man driving her caravan of camels, women with faggots of firewood loaded on their heads. I walk for hours by the wadis, the beds of dry rivers. In my opinion, it must be years since water has run here. You can’t see a shred of green. I sit for a moment on a big rock and sip water from my canteen.
Wow! What do I see? I lean over and spy a little flower, of a striking red and smaller than a match head. Who could have put it there for me? Why is it so hidden behind the rocks where nobody sees it, where camels and goats pass by below it, where people pass without noticing? Why does it sojourn there, so happy to bloom up there? Was it waiting for the day when a lone walker such as I might see it?… And while I’m looking at thi s discreet flower I suddenly remember Loulou.

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LOULOU
Loulou was a Muslim maiden. Her name means “pearl”, and even though she’d never had a real pearl in her hands, she had always dreamed that she would one day.
Her misfortunes began as soon as she was born. “Ah! What a pity!” complained the women it’s only a girl. And what an ugly girl! “. Alright, so she comes from Allah, but… who has ever seen such a faded pearl? Loulou limped, was wall-eyed, and was so ugly!… Nobody ever knew why she had been named “Pearl.”
Poor Loulou! How they mocked her:
“ Look at her, the cripple!”
“Hey, there goes the wally!”
Fortunately for her, soon she had to put on the veil. So no one saw her face any more. Only she did:
“Look at her, the lame dame!”
Each time she heard that, her heart saddened. She never got used to it.
But didn’t anybody ever understand how much she was suffering? Did nobody know how to see that kind girl who remained hidden behind the veil? Did anyone realise she’d need to be loved just as any child? No, nobody. Everybody insulted her. Sometimes they even went so far as to hit her.
She worked from early morning until evening. Fetching water from the wells, returning sadly, with the very heavy jar on her head. And she helped with the farm work, tidied the house, kneaded and baked bread, seasoned the food, did the washing up. And nobody gave her a word of affection.

SCHOOL AND WEDDING
The happiest time of her life were the few years she could go to school. But this only lasted a short time.
“There’s no sense in it”, decided her father “Why does a girl need to study? As if reading helped she to knead the bread better! Bah! Get to work, cripple!”
But Loulou learned to read, something that no one could ever take from her.
They tormented her, they made fun of her, but she never cried. She kept doing everything quietly, with courage. She hid her grief deep inside herself. Get married? What a joke! Who would want a misshapen girl? And then one day, a horrible day, that old man came, already married to two women, and he told her father that he would gladly take a maiden like that to wife.
She knows how to work hard and that’s good because the two wives I have are already very old, too worn out and lazy.
Loulou was sold by her father in exchange for bread.
One couldn’t expect more for a girl who limped and was wall-eyed.
The wedding wasn’t even deserving of the name, so sad was the girl. And the gold jewelry that a bride wears to take a husband, don’t even think about it, she got married without jewels nor baubles.
After that, life became even harder for her. If until then it had been a hell now… the other wives didn’t even lift a finger to help her, but never left off mocking her. If only she could have had children. That would have been some consolation. But that happiness was also denied her. If only she were dead!

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BESIDE THE WELLS
It was one morning, near the wells. I saw how they pushed her aside and she had to wait patiently until all the other women had filled their pails. To draw the water, she pushed her veil aside for a moment and I could see her eyes. I could hardly tell that she was wall-eyed. What I did see was an infinitely sad expression. When I passed my arm over her tired shoulders, she shivered. Nobody had ever touched her like that. It was as if someone had finally discovered the true Loulou.
I saw her again the next day and the next, and then all the days, weeks and months that followed. Little by little I began to win her trust. For the first time in her life, her heart expanded. For the first time there was someone who listened to her without laughing at her, insulting her, or rejecting her. A friendship grew there, beside the wells.

LONELINESS AND DEATH OF LOULOU
The time came when I had to leave Yemen. How I was going to miss her, Loulou. The eve of my departure, I gave her a booklet, a beautiful booklet that talked about God. She hid it for safety. It was the last time I saw her on this earth.
Back in Holland, many years later, I found out what had happened to her. Loulou read and reread this book every time she was on her own. The only place where no one looked was her trunk where she kept her clothes, and that’s where she hid her treasure after reading it. What could have been in her heart when she spread out her carpet to pray five times a day toward Mecca? God only knows…
Her husband beat her more and more. Her co-wives treated her worse and worse. One day, one of them went through her trunk and found the booklet. She denounced her. Loulou received punches and kicks until she sincerely confessed that she believed in Jesus, the Son of God. Then, as fundamentalist Islamists prescribe, she was executed as an apostate.

THE LITTLE RED FLOWER OF FIRE
When I returned to Yemen (Yemen had suffered some civil wars between north and south), someone told me where Loulou’s tomb was. In Muslim cemeteries a stone is placed for a man and two for a woman. But it seems that Loulou was not even worthy of a stone! Tears rolled down my cheeks, I went to get a couple of pebbles to put carefully on her grave. And through my tears I just noticed one of these tiny flowers, one of the flame-red blossoms. No, the people had not seen it, but God had. For him, Loulou had been a tender little flower like that one.

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DREAM
That night I had a dream. A dream so real that I was convinced that was true. I saw Loulou walking toward the throne of the Lord Jesus. She wore a veil and limped the whole time. I saw Jesus as he delicately removed her veil and took her into his arms with affection. I saw her cry in his shoulder. She cried without end! All the sadness and pain, the tears contained throughout her life, finally flowed like a flood. I saw Jesus himself wipe every tear from her eyes and couldn’t believe it: above him, all the tears turned into pearls! Laughing together, Jesus and Loulou made of these pearls a beautiful necklace. And while he tenderly passed the collar around her neck, I heard him whisper:
“Loulou, my pearl of great price!”
When she looked at him, I saw her face. I stopped breathing. I had never seen a face so happy! Loulou dazzled as the midday sun, walked perfectly. So she returned to go, straight and upright, hand in hand with Jesus, the Pearl of great price.

Mirjam de Hoop

Soul Clinic

Soul Clinic

Medical surgeon: JESUS CHRIST
Title: GOD BECOME MAN
Experience: FOOLPROOF AND ETERNAL
His Power: UNLIMITED
His Specialty: THE IMPOSSIBLE
His Personal Gift: GRACE AND SAINTLINESS
Doctor On Call: THE HOLY SPIRIT
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Diseases to be Healed: ALL
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Occupational Therapy: GOOD WORKS
Price of treatment: HEARTFELT SURRENDER TO JESUS
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Consultation Hours: 24 hours per day
  Dr. Jesus Christ

Operado del brazo y de la pierna

OPERADO DEL BRAZO Y DE LA PIERNA

Esta historia real aconteció durante la guerra de Secesión nortemericana, en la cual los estados sudistas se negaron a liberar a los negros de la esclavitud (España aún tardó más en liberar los esclavos negros de Cuba), tal y como Faraón había hecho 3000 años antes con los hebreos, y tal y como hacen todos los opresores con todos los oprimidos.
Es, por lo tanto, de la misma época y escenario de la inolvidable película “Gone with the wind/Lo que lo viento se llevó”, y la narra un médico judío:

– “Durante la guerra civil era yo cirujano en el Ejército (de los Estados del Norte, de los “yanquis”) y, al acabar la batalla de Gettysburg, había cientos de soldados heridos en mi hospital. Tenía que cortar brazos y piernas a toda prisa.
Uno de los heridos era un joven que sólo había sido el tamborilero, durante tres meses: por razones de edad se había alistado para tocar el tambor, porque era demasiado joven. Cuando le llegó el turno para cortarle la pierna, el celador y la auxiliar quisieron darle el cloroformo para dormirlo, pero el chaval lo rechazó. Me gritaron y fui a ver qué pasaba y, extrañado, le pedí por qué no quería que lo durmiesen. Él me respondió: -Doctor, cuando yo tenía 9 años di mi corazón a Nuestro Señor, el buen Jesús. Durante todos estos Él ha ido enseñándome a confiar en su Fuerza en las diversas cosas de la vida. Jesús es mi fuerza y mi estimulante, y Él me sostendrá mientras me cortan la pierna y el brazo.
Le aconsejé que, si no quería cloroformo, tomara algo de coñac, pero él también se negó, diciéndome: -Cuando era yo un niño, mi madre pidió a Dios que me guardase de las bebidas alcohólicas, porque mi padre murió alcoholizado. Ahora tengo 17 años y nunca he probado ningún licor. Como seguramente iré pronto a la presencia de Dios, no me gustaría hacer el viaje medio borracho.
A la sazón yo odiaba a los cristianos y a Jesucristo, pero no tuve más remedio que respetar tan altos sentimientos e incluso le pregunté si quería ver su pastor, y me respondió que sí.
Al acudir, el pastor le preguntó qué podía hacer por él, y el joven le hizo: -Por favor, coja la Biblia que tengo aquí bajo el cojín. Adentro viene escrita la diricción de mi madre. Enviadsela y escribidle también cuatro letras para decirle que todos los días la he leído y que he rogado por mi madre…Y, ahora, doctor, estoy preparado y prometo no gritar mientras me operan.
Mientras le amputaban la carne, Carlitos no se quejó ni gimió, pero yo sí que tomé algo de coñac por hacerme el ánimo. Cuando eché mano de la sierra por separar la carne del hueso, el chico se puso el cojín entre los dientes y sólo le oía decir: -Jesús, buen Jesús, ayudame ahora.

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Ya por la noche, yo no podía dormir: me revolvía a derecha y a izquierda en mi cama sin dejar de ver aquellos ojos azules del joven. Pasada la medianoche, hice una cosa para mí insólita: levantarme de la cama e ir al hospital sin ser solicitado por nadie. Al llegar, el auxiliar me hizo saber que había habido dieciséis muertes. Le pedí si Carlitos había muerto y me dijo que no, que dormía como un angelito. También me contó que allá al atardecer, lo habían visitado un par de miembros de la Comisión Cristiana y un pastor, los cuales habían orado arrodillados con mucha devoción y que, acto seguido, habían cantado todos juntos –también Charlie- algunos conmovedores cánticos evangelistas. Por cierto que no me cabía a la cabeza, de ninguna forma, como él, acabado de operar, podía haber cantado ni poco ni mucho.

Cinco días más tarde, Charlie me hizo llamar, y pude escuchar, pese a mis manías y prejuicios, por primera vez, un sermón evangélico. Me dijo, si mal no recuerdo: -Doctor, mi hora no puede ya tardar demasiado, y no espero ver ninguna salida de sol más. Gracias a Dios me veo dispuesto y, antes de morir, quiero agradecerle de todo corazón su bondad por mí. Doctor, Vd. es israelita, y no cree en el Mesías Jesús. Ahora sólo le pido hacerme el favor de quedarse aquí para verme morir confiando en mi Salvador hasta el último aliento.
Quería quedarme, pero de nuevo el valor me falló y me fui en seguida. Sin embargo, a los veinte minutos un auxiliar vino a buscarme, y me encontró hecho polvo, con la cara cubierta con una mano, para informarme que Charlie aún insistía en verme.
-Ahora mismo acabo de verle –le contesté.
-Doctor, no para de decir que quiere volverlo a ver ahora que se está muriendo.
El caso es que volví decidido a decirle algunas palabras afectuosas pero sin dejarme influir por su fe ni creencias. Al entrar dentro el cuarto me di cuenta que empeoraba de prisa. Me puse al lado de la cama y me dijo:
-Doctor, le amo porque, como mi mejor amigo, es del pueblo de Israel.
Le pregunté quien era el tal amigo suyo israelita, y me respondió:
-Jesús, el Mesías, a quien quiero presentarle antes de morir. Y, ¿me promete que no olvidará lo que ahora le diré?.
Se lo prometí.
-Hace cinco días, cuando me amputaban, le rogué al Señor Jesús que convirtiese su alma sin fe a Él.
Estas palabras me tocaron profundamente el corazón, porque no entendía como, entre dolores tan agudos, podía pensar en Cristo y en mi alma incrédula. Sacando fuerzas como buenamente pude, le dije:
-Querido amiguito, tranquilo, pronto todo irá bien para tí.
Y unos minutos más tarde él “se durmió, seguro, a los brazos de Jesús”, tal y como decía la canción que cantaba.

Atlanta Street in Gone with the Wind

Cientos de soldados murieron en mi hospital, pero sólo fuí a acompañar a enterrar a uno: Charlie Coulson. Sus últimas palabras me dejaron descolocado y hecho un lío. Por aquel entonces, yo era rico en dinero, pero lo habría dado todo por tener una fe como la de aquel chico. Ay de mí!, porque hay cosas que no se compran con dinero.
Olvidé el sermón, pero no al joven mismo. Ahora sé que me encontraba bajo el peso de una convicción de suciedad y de pecado en mi conciencia, pero seguí batallando, durante diez años, contra el Mesías, con todo el convencimiento de un judío ortodoxo.
Finalmente, aun así, la plegaria de Charlie fue concedida, y Dios convertió mi alma a Jesús el Mesías.

Unos dieciocho meses más tarde de mi conversión, asistí a un servicio de oración en un local de Brooklyn, Nueva York. Era una reunión dónde la gente daba, con alegría y frescura de Espíritu, testimonio del amor del Salvador. Tras hablar varias personas, se levantó también una mujer ya mayor y dijo:
-Queridos amigos, quizás sea la última vez que tendré el privilegio de dar testimonio del Señor. Estoy tan llena de gozo porque sé que encontraré a mi hijo con el Señor el cielo, porque los dos hemos confiado en la benignidad de Cristo y su sangre para el perdón de nuestros pecados. Mi hijo fue herido a la batalla de Gettysburg y un médico judío le cortó el brazo y la pierna. Un pastor de allí me escribió una carta y me envió la Biblia de mi Charlie, y me contó que, a la hora de su muerte, hizo ir al médico judío para decirle que, mientras le amputava, le había suplicado a Dios que convirtiese el alma del médico, que no creía en Jesús.
Al oir a aquella mujer, salté automáticamente de mi asiento y como pude, totalmente conmocionado por la emoción, me dirigí hacia ella, le cogí la mano y le dije apenas como pude expresarselo, entre lágrimas, delante de todos:
-Dios la bendiga, querida hermana: alabado sea Dios, la plegaria de su hijo ha sido concedida, porque yo soy el médico por el cual rogó su hijo, y ahora ya su Salvador es mi propio Salvador.

El Evangelio de Juan dice: “Jesús clamaba diciendo: -Si alguien tiene sed, que venga a mí, para beber. Aquel que cree en mí, como dice la Escritura, brotarán de sus entrañas ríos de agua viva”.

Servir al Señor antes que a los denominacionalismos

SERVIR AL SEÑOR ANTES QUE A LOS DENOMINACIONALISMOS

La primera vez que el Señor me habló, fue en Enero de 1930, hace más de cincuenta y siete años, poco después de mi conversión. En aquel entonces empezaba mi vida cristiana.
El Señor quiere que todos tomemos nuestra parte en esta Iglesia. No es una congregación terrenal, secta o denominación, es la Iglesia celestial y la morada de Dios en la que todos los creyentes pueden tomar parte.
Pero el misterio es que el Señor Jesucristo está utilizando a hombres y mujeres indignos e inútiles para construir Su eterna mansión celestial, la cual es muchísimo más gloriosa y hermosa que la casa construida por Moisés en el desierto.
En I Corintios 1:25-29, vemos la clase de material que está escogiendo Dios. Para los edificios de este mundo, la gente busca obreros e ingenieros competen tes. Hoy en día, la gente usa maquinaria moderna, procedente de América, Rusia, Francia y otros países extranjeros. Si no encuentra el personal calificado en su país, tiene que hacerlo venir del extranjero, pero el Señor Jesucristo está escogiendo lo débil, lo vil y lo menospreciado de este mundo para construir la morada celestial. Imaginemos que un hombre muy rico busque a ciegos, a cojos y a pobres para construir una casa. Cualquiera le diría:” Pero hombre, ¿qué está usted haciendo?” Nadie le creería si contestara que está contratando a obreros para construirse una casa.

Servir al señor antes que a los denominacionalismos 01

La Palabra de Dios dice que Él no ha escogido la gente sabia de este mundo para este trabajo, sino lo necio para avergonzar a los sabios.
Para comprender las cosas celestiales necesitamos la visión celestial; por eso tenemos que orar: “Señor, abre mis ojos y permíteme ver cada vez más por medio de tu maravillosa Palabra”. Los misterios escondidos a los ojos de los sabios y entendidos, serán revelados a los niños, o sea a aquellos que tienen una fe sencilla. Podemos ahondar continuamente en la Palabra de Dios y siempre encontrar algo nuevo. Es, la Palabra de Dios y no la de un hombre. Es como una mina de oro muy profunda.
En Abril de 1932, me encontraba en Vancouver (Canadá). Un día, en una reunión de jóvenes, un hombre me pidió que hablase de la obra cristiana en la India. Yo no sabía nada, pero sí critiqué a los misioneros. Cuando volví a casa no podía orar. Entonces la voz del Señor me habló diciendo: “¿Quién eres tú para criticar a mis siervos? ¿Qué has hecho tú por mí?” Le dije: “Señor, soy el menos apto para tu servicio, por eso te he estado ofreciendo mi dinero, pero tú no lo quieres” . El Señor dijo:”Aún ahora te reclamo,” Le contesté: “Señor si tú me reclamas, no tengo alternativa ni condiciones que imponer; iré adonde quieras. No dudaré de ti, ni me quejaré diciendo que el lugar es frío o solitario” No tenemos derecho de imponer condiciones a Dios.
Entonces, el Señor me dijo: “Te acepto con la condición de que primero renuncies a todos tus bienes del Punjab, no hables a nadie de tus necesidades, y no aceptes salario alguno de nadie. En segundo lugar, no te unas a ninguna asociación, sírvelas a todas conforme yo te envié. Por último, no hagas tus propios planes. Déjame guiarte paso a paso”. Le contesté: “Señor, estoy de acuerdo”. El 4 de Abril de 1932, acepté el llamado del Señor, dedicándome plenamente a Su servicio. Yo no sabía adonde ir, qué hacer ni qué decir, pero el Señor lo sabía. Si queremos ser colaboradores con Dios, debemos obedecerle de un modo absoluto; luego Él nos mostrará claramente nuestra tarea. Tardé cinco años en saber claramente en qué consistía mi trabajo. Al principio acostumbraba solamente a dar tratados, luego Él siguió guiándome y ahora alabo al Señor, pues soy Su colaborador y asociado. Le doy las gracias por el honor que me ha dado de ser Su testigo, Su portavoz, y Su siervo. Más tarde tuve que pasar por muchas dificultades y sufrimientos. Doy gracias a Dios, con todo mi corazón, por todos los sufrimientos que tuve que pasar. En aquellos días, no tenía domicilio y nunca sabía dónde comería. Solía andar muchas millas en el servicio de Dios, pero fueron los días más preciosos.

Servir al señor antes que a los denominacionalismos 02

Todos tenemos una parte en la construcción de la Casa de Dios. Si lo deseas, quienquiera que seas, tonto o débil, sordo o mudo, el Señor puede utilizarte. Cree que Él te quiere para que seas Su socio; te gratificará en sumo grado. A veces la gente me preguntaba: “¿Cuánto gana? ¿Quién le paga?” “Gano un sueldo muy elevado” les contestaba “¿quinientas o mil rupias?” me decían. “No, muy elevado”, les respondía. De nuevo me preguntaban:”¿Diez mil rupias?” Entonces les decía:” No, mucho más. Dios satisface todas mis necesidades; me paga todos los días dándome mucho más de lo que necesito”. Si el Señor te está pidiendo que le sirvas, obedécele y no endurezcas tu corazón. No mires a tu necedad y a tu debilidad; ofrécete a Él y ora de esta manera: “Oh, Señor, yo también quiero que me utilices, yo también deseo las bendiciones celestiales”. Cuando tú creas que eres un colaborador con Dios, Él te mostrará lo que debes hacer. Muchos creyentes van a las reuniones, cantan cánticos, se duermen durante el mensaje, luego salen; eso es todo. No buscan por medio de la oración cuál es su parte en la obra de Dios. Cada creyente tiene una parte en la construcción de la Casa de Dios, bajo la soberanía del Señor Jesucristo. Cumpliendo fielmente nuestra parte, tenemos el privilegio de gozar de todas las bendiciones espirituales en los lugares celestiales en Cristo Jesús. Pero ante todo, asegúrate de que has recibido el perdón de tus pecados, el don de la vida eterna. Sólo entonces podrá Dios utilizarte; si no, Él no aceptará tu dinero ni nada que le ofrezcas. Por eso te advertimos: “No traigas tu ofrenda si no has nacido de nuevo”.

BAKHT SINGH

No mas primavera

NO MÁS PRIMAVERA

No mas primavera 02

En el ocaso de su vida, a los ochenta años, una ex emperatriz decía: “Soy una pobre anciana y he sufrido mucho. Ahora busco la paz, la tranquilidad y el olvido en algún apacible rincón del mundo donde haya hermosas flores y un sol resplandeciente y donde mi alma se muera poco a poco. Me parezco a esos viejos
árboles que viven como yo del recuerdo de su pasada belleza. Pero, en tanto que ellos aguardan el retorno de la primavera, yo no tengo nada más que esperar; mi invierno no será seguido de una primavera”.
Nada más que esperar… Por desdicha, ¿era ella de los que el apóstol Pablo define acertadamente: los que “no tienen esperanza”? (1 Tesalonicenses 4:13). Para ellos todo acaba aquí en la tierra, todo se termina con la tumba. Al menos, es lo que dicen porque es lo que desean. Pero un temor los preocupa: algo en ellos insiste en que después de la muerte tendrán que habérselas con Dios. No es posible que las cosas ocurran de otra manera.
Y, por cierto, éste es el lado dramático e inexplicable del asunto: temen ese encuentro con Dios les ofrece una reconciliación, de la cual El cubrió todos los gastos, ellos rehúsan. Quisieran el cielo sin Dios. No tendrán nada.
O mejor dicho, sí tendrán algo. Tendrán lo que se merecieron: serán condenados por la eternidad, lejos de Dios; se atormentarán por haber menospreciado el amo de Dios y reconocerán Su justicia al condenarlos.

No mas primavera 01