Moralismo sin Justicia

MORALISMO SIN JUSTICIA

Moralismo sin Justicia 02

Es duro reconocerlo pero, a menudo, todo nuestro cristianismo se reduce a esto. El apego a la ley por encima del Espíritu del Dios vivo siempre ha predominado,en general,a lo largo de toda la historia,entre los creyentes. Por eso el ministerio del Verbo encarnado, Cristo, fue el de denunciar el legalismo estéril y el de predicar buenas noticias a los pobres y libertad a cautivos y quebrantados (Lucas 4:18-19). Jesús insiste una y otra vez contra los “guías ciegos” que cuelan el mosquito y traga el camello,que dejan “lo más importante de la ley: la justicia,la misericordia y la buena fe” (Mateo 23:23-24). Pues el Señor nos exige antes la misericordia que el sacrificio y antes el dar a conocer a Dios que la pompa y ritos (y cánticos) religiosos (Oseas 6:6, citado en dos ocasiones en el Evangelio de Mateo). “Por las obras de la ley nadie será justificado” (Gálatas 2:16). “La misericordia triunfa sobre el juicio” (Santiago 2:11-13), pues el Señor “nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto,no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica” (2ª Epístola a los Corintios 3:5-6). “No todo el que me dice: Señor, Señor entrará en el Reino de los Cielos” (Mateo 7:21). “Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego” (Mt. 7:19). “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuerademonios…? Y entonces les declaré: Nunca os conocí…” (Mt. 7:21-23). En Mateo 25 el Señor describe el juicio final exclusivamente por obras de misericordia, y para nada da entender que la salvación tenga que ver con la ortodoxia religiosa, la moral “sin tacha” o el hacer la “carismáticamente” espectacular. “Porque os digo que si vuestra justicia no fuera mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt. 5:20).
Jesús es diametralmente claro, por más que nos guste predicar el Evangelio de la ley, de la letra muerta y del moralismo seco. Y ya antes Dios envió a los profetas para reprender a su muy religioso pueblo. “Para qué a mí este incienso de Sabá, y la buena caña olorosa de tierra lejana? Vuestros holocaustos no son aceptables, ni vuestros sacrificios me agradan. Por tanto, Yhwh dice esto: He aquí yo pongo a este pueblo tropiezos…” (Jeremías 6:20-21). “No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de Yhwh…es éste. Pero si mejorareis cumplidamente vuestros caminos y vuestras obras;si con verdad hicierais justicia entre el hombre y su prójimo…” (7:4-5). “Aún la cigüeña en el cielo conoce a su tiempo…; pero mi pueblo no conoce el juicio de Yhwh. ¿Cómo decís: Nosotros somos sabios,y la ley de Yhwú está con nosotros?. Ciertamente la ha cambiado en mentira la pluma mentirosa de los escribas” (Jeremías 8:7-9). Un Evangelio a medias y por lo tanto falso, basado en la ley y no en la justicia ni en la misericordia, es el que ha sido cambiado fraudulentamente “¿Por qué?. Porque iban tras ella no por fe, sino como está escrito: He aquí pongo en Sión piedra de tropiezo y roca de caída; Y el que creyere en él, no será avergonzado” (Romanos 9:30-33). Dios puso a su proprio Hijo unigénito como piedra de tropiezo para la injusticia legalista de la “religión” de su pueblo: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:10-13). Cuando el Espíritu del Señor habla a las iglesias de Asia al comienzo del libro de Apocalipsis, a todas y cada una les revisa “sus obras”. No hay excepción. Pues sabido es que “profesan conocer a Dios, mas con los hechos lo niegan” (Tito 1:16). Para la “religión” sólo es pecado el “sexo-drogas-y-rock´n´roll” pero la Palabra no piensa igual: “Y al que sabe hacerlo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17).
Todas las generaciones caen en “la religión”, desmintiendo con sus actitudes cerradas y pasivas las palabras de Nuestro Señor al describir el nacido de nuevo en el Espíritu: “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3:8).
Y, si toda la Palabra viene de Dios, ¿por qué sólo cogemos la letra muerta de la ley, y olvidamos la justicia, y las obras y frutos nacidos de la libertad del Espíritu Santo? “El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2ª Epístola a los Corintios 3:17). El Señor no nos llamó a una santidad pasiva como a veces se pretende-sin entender nada y emulando a una especie de budismo de monjes tibetanos en su monasterio -pues “nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo…se dió a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda inquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie” (Tito 2:15). “El cielo es mi trono…¿Qué casa, me edificaréis? dice el Señor…¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos!. Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros” (Hechos 7:47-51). La fe sin obras (de fe, de misericordia) es muerta (Santiago) y es anatema (Gálatas 1:8). Busquemos pues la justicia de Dios según el Salmo 82:2-5 e Isaías 58:6-7. ¿Amén?.

Moralismo sin Justicia 01

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