Denuncia de la beateria

DENUNCIA DE LA BEATERIA

Denuncia de la beateria

Richard Wurmbrand, pastor de la minoría nacional alemana en Rumanía, torturado y encarcelado en incomunicación durante años por el régimen totalitario, escribió: “El verdadero arrepentimiento es una reversión de las medidas. Enmedio se encuentra Dios. Si esta falta de sentido de la proporción no se corrije dentro de una alma, el hecho de que se haya dejado de ser ateo por hacerse religioso, no ayuda demasiado. El alma continuará ocupándose de trivialidades, con una diferencia: que ahora serán trivialidades religiosas. El objeto que observas con ojos miopes será distinto, pero tus ojos continuarán siendo miopes …Según Efesios, el papel del pastor no es hacer sermones, sino hacer santos. Los predicadores se encuentran más expuestos a la palabrería. Para los fariseos, Jesús era un pecador que incumplía el Sabbath. Esto era lo único que podían llegar a pensar. Olvidaban todas los buenas obras y las enseñanza de Jesús.
La palabra obispo originariamente quería decir pastor principal, el más adelantado en la fe, el hombre que daba su vida por los ovejas en tiempos de persecución. En cambio ahora es alguien con ciertos conocimientos académicos, escogido por hombres que a menudo ellos mismos ni son hijos de Dios. Aún antes de mi arresto, todos nuestros obispos ortodoxos, excepto uno, habían claudicado frente a las acusaciones del régimen comunista. El obispo reformado hizo igual. Ahora alaban el sistema y denuncian a sus ovejas”.
Y es que sólo una persecución demuestra la realidad de una fe.
Y continúa el mártir de Transilvania: “…Quienes pensaran esos sistemas teológicos y los escribieron en tan perfecto orden, ¿llevaron nunca la cruz? Nadie puede pensar sistemáticamente cuando tiene un fuerte dolor de muelas. Si se está crucificado con Cristo, ¿cómo se puede pensar sistemáticamente?”.
A menudo, en ambientes eclesiales bienpensantes, los nocreyentes son juzgados de manera muy ortodoxa, pero sin identificarse para nada con ellos, es decir, sin querer comprender sus problemas, sin querer entender nada de sus condicionantes, es decir, sin el mínimo de amor imprescindible. O sea , paja hipócrita para quemar. “Car ab poca amor gran fet no es pot menar” (“Pues con poco amor, gran gesta no se puede realizar”) (Ramon Llull).  Pero… “Tiene derecho a criticar, quien tiene un corazón dispuesto a ayudar” (Abraham Lincoln). Y esos fundamentalistas tan criticones…¿tienen el corazón dispuesto a ayudar? Algunos quizá sí pero muchos quizá no.
“Cuántos cristianos fuese mejor que no dijeran serlo porque no tienen fe. Tienen más fe en su dinero y cosas que no en el Dios que construyó las cosas y el dinero”, dijo Oscar Romero, defensor de los desamparados de El Salvador y asesinado por el Ejército fascista. Otro asesinado (por el nazismo), el pastor evangélico Dietrich Bonhöffer, escribió: “Un comportamiento eclesial que cierre las puertas a la protesta apasionada frente a la falsificación de la verdad, no proviene de la obediencia total a Jesucristo; se convierte en un deseo humano arbitrario. Sólo puedo considerar la culpa que con su prudencia la Iglesia ha cargado encima de sus propias espaldas, como la consecuencia de un camino en qué la falta de gozo en la confesión recta de la fe, la falta de fuerza creyente y de disposición para el sufrimiento ya hacía tiempo que eran perceptibles entre nosotros. Esta es nuestra culpa. Nuestra Iglesia, que durante estos años sólo ha luchado por la propia existencia, como si esto fuera una meta absoluta, es incapaz de ser la portadora de la palabra que tiene que reconciliar y redimir a los hombres y al mundo”. “El peligro del amor fuerte es que, cuando nos coge de lleno, nos haga perder la polifonía de la vida. Quiero decir que Dios, con su eternidad, quiere ser amado de todo corazón, pero sin que el amor terrenal quede debilitado. El amor a Dios tenía que ser como el cantus firmus, claro está, pero el contrapunto se puede desplegar tan poderoso como haga falta. Ambos son inseparables y a la vez distintos…Sólo quienes claman por los judíos pueden cantar gregoriano”. Sabido es, pero, que la inmensa mayoría de los iglesias alemanas cantaron de todo, pero clamaron muy raramente por los judíos que sus autoridades nazis estaban exterminando masivamente: no quisieron “meterse en política” (cuando la política no es la del César, se entiende, es decir, según la brutalidad del Poder constituído), debieron decir los cínicos, o no quisieron hacer frente a los prejuicios ni al racismo en momentos difíciles, dirían la mayoría que sólo quería sobrevivir sin dignidad, como simples autómatas o esclavos del tirano.

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DECADENCIA
En épocas de decadencia la relación directa y transparente entre Dios y el hombre va desapareciendo por los malos ejemplos de los hipócritas y también de los psicópatas -a menudo ateos infiltrados dentro los grupos religiosos por intereses económicos y de poder. Ya Lutero afirmaba que entre la Curia había muchos ateos y nihilistas, y hoy en día corre una lista de “ateos” entre altos cargos vaticanos.
Dios es Dios de la Historia. Si las cosas no van mejor no es porque Dios no quiera o no pueda, ni tampoco porque haga falta siempre esperar una justicia de ultratumba, sino porque los hombres somos libres pero de naturaleza caída o adámica, y seguimos la ley del mínimo esfuerzo demasiado a menudo, y las órdenes de gente siniestra que manipulan sentimientos, tradiciones y grupos, religiosos o no, para la propia vanagloria y poder. “Cuando todo se menea por igual, nada se mueve, en apariencia, como pasa en una nave. Cuando todo el mundo va hacia el desorden, no parece que vaya nadie hacia allí. Sólo quien se para puede darse cuenta de la marcha de los demás, como un punto fijo” (Blaise Pascal). En su libro “Estudio de la Historia”, Arnold J. Toynbee hace un magistral y profundísimo análisis de los diferentes comportamientos ante a la decadencia de una sociedad determinada: las reacciones “violentas” (pasiva: arcaísmo, activa: futurismo) o “mansas” (pasiva: desapego o “apátheia”, activa: transfiguración espiritual).
La sociedad, debido a la contaminación espiritual y malos ejemplos, se ha vuelto desconfiada e insolidaria, se ha dividido en bandos antagónicos, y sectas o partidos estériles y no creativos que llevan hacia unos caminos de decadencia prácticamente irreversibles, vividos por los elementos sociales con fatalismo y diversas respuestas (deserción, martirio, abandono, autocontrol).
El fariseísmo es la característica de la decadencia social, y viene acto seguido a la decadencia espiritual. Y es que los males enormes e irreversibles pueden empezar por actitudes aparentemente sin importancia. “Este es el peor hombre de todos: es el hombre con miedo hacia Dios que se esconde de la tragedia de la vida, mientras la vida le esconde sus alegrías” (Khalil Jubran).  Como el criado que escondió las minas de la parábola: pequeñas deserciones cotidianas. Haría falta que los cristianos saliéramos al mundo con los ojos y el oído bien abiertos (cristianismo sin religión, iglesia en medio del mundo, como decía D. Bonhöffer cuando ya habían hecho tarde y veían los consecuencias de la rutina y la beatería bajo forma de triunfo del nazismo y de la guerra total) “porque, una cosa es poseer un tesoro espiritual, y otra de bien distinta comunicarlo; y cuanto más pensamos, más es de admirar que aquellos cristianos-esclavistes hayan sido capaces de transmitir a sus paganas víctimas primitivas el pan espiritual que ellos habían hecho todo lo posible por profanar…el negro americano convertido al cristianismo no debe naturalmente su conversión al ministerio del capataz esclavista que llevaba la Biblia en una mano y el látigo en la otra. Lo debe a los John G. Fees y a los Peter Clavers” (Arnold J. Toynbee, “Study of History”). Pues mientras los cuáqueros y otros grupos eran abolicionistas, muchos clérigos cristianos (especialmente católicos y bautistas) abogaron en favor de mantener la esclavitud. El historiador Larry Hise hace notar en su libro ‘Pro-Esclavitud’ que pastores “cristianos” (de mentalidad injusta e integrista) “escribieron casi la mitad de todas las defensas de la esclavitud publicadas en los Estados Unidos”. Da una lista de 275 clérigos que usaron la Biblia para probar que los blancos tenían derecho a poseer negros como animales de trabajo”. Hoy en día hay multitud de cristianos nominales que apoyan multitud de otras esclavitudes.
No hablemos ya del caso del Vaticano y España, los últimos Estados negreros de Occidente, pues mientras Inglaterra abolió la trata en 1814 y Estados Unidos hacia 1855 (con guerra civil derivada incluída), el Vaticano mantuvo sus esclavos papales hasta 1875 y los españoles en Cuba hasta 1890 y prácticamente de estranjis (como de costumbre entre españoles) todavía quedaban cuando Cuba se independizó en 1898, gracias a la ayuda yanki contra los españoles, que habían llenado la isla de campos de concentración (los españoles inventaron también los campos de concentración, fueron los primeros en aplicarlos masivamente en una guerra).
Ojalá entendiésemos nuestra enorme responsabilidad espiritual y social, pues “es alarmante la dificultad que tenemos de encontrar el mal en la objetividad de nuestra historia social. La dimensión histórica y colectiva es evadida e ignorada. Y así Dios desaparece de la historia del hombre. Sin una sensibilidad más viva hacia el mal histórico y estructural, nuestra fe en Dios puede acabar en idolatría” (Ferran Manresa, en su biografía sobre D.Bonhöffer).
Descubrir a fondo el amor divino ha de dar santo temor de defraudar a una maravilla tan grande. El amor da también sentido de eternidad. Siempre es fresco, es puro, incontaminable, nunca se marchita. Eternidad y temor a defraudar el amor llevan hacia la fe en Dios. Quien, a través de los peligros, no ha descubierto el amor, es bien improbable que pueda creer realmente en Dios, aunque lo proclamase a los cuatro vientos.

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5 comentarios en “Denuncia de la beateria

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