Cansancio de la derecha y la iglesia

“Guardaos de los escribas, que gustan de andar con ropas largas, y aman los saludos en las plazas, y las primeras sillas en las sinogogas, y los primeros asientos en las cenas; que devoran las casa de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones; estos recibiran mayor condenacion” (Lucas 20; 45-47).

Cansancio de escuchar a Fraga justificando el golpe militar de Pinochet.

Perplejidad frente al hecho de que el decano de un partido político califique de pequeños excesos las torturas, los crímenes, las desapariciones de aquel régimen. En una tertulia de la radio dicen que Fraga está mayor, como si de joven hubiera sido más compasivo. Fue un cachorro de Franco (el siamés del militar chileno), cómplice de sus crímenes, de sus torturas, de sus decretos, de los juicios del Tribunal de Orden Público y toda esa basura. Se reinsertó sin arrepentirse y a la menor oportunidad le sale el costado golpista. Mientras escucho que quizá Pinochet cometió algunos excesos, veo caer a los muertos que arrojaba vivos desde los helicópteros de las fuerzas armadas. Me recuerdan a los difuntos que se arrojaban al vacío desde las Torres Gemelas. No sé cuántos años hace de la catástrofe y aún siguen cayendo dentro de mi cabeza. La humanidad no deja de caer. En los buenos tiempos de Fraga, los detenidos políticos se arrojaban por el hueco de las escaleras, para evitar los interrogatorios.
Tampoco ellos han llegado al suelo de nuestro entendimiento. ¿Cómo se pueden justificar tales regímenes? ¿Por qué ni Rajoy ni Acebes ni Zaplana han desautorizado aún a su presidente? Mucho se teme uno que las democracias, como los períodos interglaciares, sean meros paréntesis en la historia del mundo.
Pereza de escuchar a los obispos mencionar las virtudes del finado. El celebrante no era un cura loco, un particular, una pieza excéntrica, no, era un obispo, o sea, un representante del Papa, un embajador del Vaticano.
El golpe contaba, en fin, con el beneplácito de Dios. La Conferencia Episcopal chilena bendijo una vez más las torturas, los crímenes, la «suspensión temporal de los derechos constitucionales», que dijo el otro con toda la cara. La misma Iglesia que asegura que en España peligran las libertades sigue dando su aliento allí a los generales psicópatas. Cansancio, en fin, de repetir lo obvio, de contemplar cómo las cosas se repiten al modo de una mala digestión, a la manera de una pesadilla recurrente. Felices Navidades, o lo que sean.

Juan José Millás

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2 comentarios en “Cansancio de la derecha y la iglesia

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