“Una iglesia (gloriosa), santa y sin mancha

“UNA IGLESIA (GLORIOSA), SANTA Y SIN MANCHA” ¿FORMA USTED PARTE DE ELLA?

Las palabras que encabezan este folleto se encuentran en el Nuevo Testamento, la segunda parte de la Biblia, que es la Palabra de Dios (1). Si así no fuese, las leeríamos con una sonrisa de duda, pensando que son una vana pretensión o utopía. ¿Dónde vemos hoy la manifestación de esa “Iglesia (gloriosa), santa y sin mancha”? Algún creyente nos dirá que la Iglesia es ya así en el concepto de Dios, en base a la obra perfecta de Cristo. Es verdad; pero éste es sólo un lado del asunto. (Invitamos al lector a comprobar todos los versículos aquí citados, cuyas referencias van al pie, con la Biblia abierta).
Escribimos con amor y sin el menor deseo de herir o Polemizar, para los que son del Señor, los cuales, habiendo sido comprados al precio de la sangre preciosa de Cristo, desean agradarle y aman Su Venida (2). Y también para los que “simpatizan” con el Evangelio de Cristo y quizás lleguen a ser salvos, quienes, con justa razón, se encuentran perplejos y confusos al ver:

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La multiplicidad de “sectas” y “denominaciones” llamadas “Evangélicas”. A unos y otros queremos decirles que nosotros lamentamos aún más que ellos esas divisiones. Más todavía: Que Dios mismo censura en Su Palabra: “Cada uno de vosotros dice: Yo cierto soy de Pablo; pues yo de Apolo; y yo de Ceías; y yo de Cristo. ¿Está dividido Cristo?… Hablando entre vosotros celos, y contiendas, y disensiones; ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (3). Vemos entonces que ya en el Siglo I, en la ciudad de Corinto, había cuatro “fracciones. ¿Y cuántas existen hoy en nuestras ciudades? Citaremos sólo una docena: “Anglicanos” (o “Protestantes”), “Asamblea de Dios”, “Bautistas”, “Ejército de Salvación”, “Hermanos Libres”, “Independientes”, “Luteranos”, “Metodistas”, “Nazarenos”, “Neotestamentarios”, “Pentecostales”, “Presbiterianos”, además de otros grupos religiosos como “Adventistas”, “Mormones”, “Testigos” (falsos), etc. Quizá el lector pregunte: “Y Usted, ¿a qué Denominación pertenece?” Responderemos que a ninguna; que pertenecemos sólo a Cristo; que nos “denominamos” Cristianos. (5) “¡Ah!, nos parece oír replicar, todos dicen lo mismo”.
Posiblemente. ¿Pero pueden probarlo por la Escritura? ¿Habrá “creado” el Señor Jesús esas y otras denominaciones?, ¿Acaso no dijo Él, “Sobre Esta Piedra (Su persona) edificaré Mi Iglesia”? (Singular) (6) Alguien sugiere: “En muchas de las denominaciones hay verdaderos Cristianos, y Dios ha Bendecido su testimonio”. ¡Gracias a Dios por Su Gracia! Pero ese no es el punto. Pedro fue el instrumento que el Espíritu Santo usó para la conversión de tres mil almas (7), ¿Pero quién se atrevería a decir que Pedro agradó a Dios, e hizo Su voluntad, cuando negó al Señor? Claramente Cristo expresó que el apóstol estaba entonces a merced de Satanás. Luego lloró amargamente, se arrepintió, y fue restaurado.  (8) De la misma manera, aunque posiblemente haya verdaderos hijos de Dios en algunas de las denominaciones, son como los “vasos santos” que seguían siendo vasos durante la Cautividad en Babilonia, pero eran usados para fines sacrílegos y profanos, y no “para los usos del Señor” (9). Los verdaderos discípulos de Cristo, que desean agradar al Señor (10), deben salir de la “Babilonia espiritual”. Babel y Babilonia, si bien de origen distinto, significan desorden y confusión desde que los hombres, desafiando al Creador, intentaron edificar una ciudad y una torre (de ladrillos en lugar de piedras), y arrogarse un nombre. (11) Sabiamente Dios frustró ese malvado intento al confundir sus lenguas. Sin embargo los hombres siguen edificando con “barro” (al rechazar a Cristo, la Roca-Fundamento) y multiplicándose los nombres (para deshonra del bendito Nombre del Señor).
“¡Pero en la Biblia se mencionan varias Iglesias!”
¿Cómo puedo saber cuál es la verdadera?” El que escribe estas líneas se encontró hace algunos años frente al mismo problema, querido lector, y por eso simpatiza con Ud., le ama, y desea ayudarle a entender lo que él ha entendido por la misericordia de Dios. La “diferencia” entre “iglesia” e “Iglesia” mencionadas en el Nuevo Testamento, la hacía la localidad (pueblo o ciudad), pero no la Doctrina. En Asia, por ejemplo, había siete iglesias, es decir, existían siete grupos de Cristianos en sendos puntos de ese continente. (12) Por eso leemos: “Escribe el ángel (mensajero) de la iglesia en Efeso…; de la iglesia en Smirna”, etc. (13) ¡Pero no eran siete sectas o denominaciones! De la misma manera Pablo el apóstol dirigió sus cartas a los corintios: “A la iglesia de Dios que está en Corinto”. (14) Si hubiese dirigido sus cartas “A los Paulinos”, habría cometido un triple error: (a) Reconocer la división, reprobada por Dios, de “Paulinos”, “Apolistas”, “Cefistas” y “Cristinos” (15). (b) Las cartas hubieran sido recibidas y leídas únicamente por una fracción del pueblo de Dios en Corinto. (c) Tal título habría estado en contradicción con la enseñanza de ambas epístolas; la primera habla de Un Cuerpo, o sea, la Unidad de muchos miembros efectuada por Un Espíritu; y comienza con la exhortación: “Que habléis todos una misma cosa.” Y así termina la segunda: Resta hermanos, que… sintáis una misma cosa.” Ambas están dirigidas: “A la Iglesia de Dios”. (16)
Esto manifiesta el error que vemos en la actualidad. De las doce denominaciones citadas, tomemos como ejemplo una de ellas. Supongamos que el lector (o el redactor) se trasladan a cierta ciudad y, deseando congregarse con sus hermanos en Cristo, encuentran dos lugares de reunión; uno que ostenta por título: “Iglesia Pentecostal”, y otro que no reconoce título alguno, porque sus componentes se reúnen AL NOMBRE DEL SEÑOR. (17) ¿Con cuál de los dos grupos se congregarían? Si fuese el que escribe, no tendría inconveniente en reunirse con los “sin nombre” humano. Porque para unirse al otro grupo, tendría que “hacerse pentecostal”. ¿Y si fuese el lector?

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Supongamos que es “bautista”. Posiblemente pensaría: “Me reuniré con uno de los dos grupos, ya que aquí no hay de mi denominación.” Para ser admitido tendría que “transformarse” de “bautista” en “pentecostal”. Empero si quisiera identificarse con los que no tienen nombre (excepto el Nombre del Señor), simplemente tendría que dejar afuera su título denominacional. ¡Sin necesidad de tomar otro título! ¡Y al fin de cuentas eso es lo que tendrá que hacer cuando llegue a la Presencia del Señor! Ninguno de los doce nombres mencionados (no otro alguno) dan derecho a entrar allá. Todos los que lleguen al hogar celestial lo harán como creyentes en Cristo, hijos de Dios, redimidos por la sangre del Señor. (18) Mientras tanto, cada “templo”, “local” o “grupo” que exhibe un rótulo o letrero, o que se arroga Cualquier título denominacional, divide al pueblo de Dios al excluir a todos los que no pertenecen a esa denominación o exigir que cambien de distintivo para ser recibidos. Únicamente los que se congregan al Nombre del Señor, no excluyen a ningún hermano. Por el contrario, dan la bienvenida a todos los verdaderos hijos de Dios, invitándolos a “dejar afuera” sus títulos denominacionales y reconocer únicamente EL NOMBRE DEL SEÑOR. Para éstos hay una preciosa promesa: “He dado una puerta abierta delante de ti, la cual ninguno puede cerrar; porque tienes un poco de potencia, y has guardado Mi Palabra, y no has negado MI NOMBRE. “(19)
“No podrán Ustedes convencer a Todos a que dejen sus nombres”, dirá alguno. ¡Ni lo pretendemos! LA OBRA ES DEL SEÑOR. Y El, que en Su omnisciencia conoce el fin desde el principio, dio dones a Sus siervos para que, usando la Escritura enseñen y guíen al pueblo de Dios, “para perfección de los santos para la obra del ministerio, para edificación del Cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la Unidad de la Fe (Doctrina) y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo”. (20) Cristo es “El Buen Pastor”, pero también “La Puerta”, y antes de que Ud. pueda seguirle, como Su oveja fiel, El quiere sacarlo de su corral religiosos y conducirlo a Su Redil. “Y como ha sacado todas las propias (ovejas), va delante de ellas; y las ovejas Le siguen, porque conocen Su voz… También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también me conviene traer, y oirán Mi voz; y habrá Un Rebaño, y Un Pastor.”
La obra del “lobo” es esparcir las ovejas. La obra de Cristo es juntar en UNO los hijos de Dios que están “derramados”. (21) Dice Ud.: “En mi pueblo tal denominación ha abierto un local”. ¡Que lo abran frente a su casa, si gustan! ¡Que “ensanchen” su denominación! ¿Cree Ud., hermano, que el Señor fracasará? ¡Gracias a Dios que no! Manténgase separado. Congréguese sólo “con los invocan AL SEÑOR de puro corazón”. (22) ¡Vale más calidad que cantidad! Finalmente, sabiendo que Dios tiene Una Iglesia Gloriosa, Santa y Sin Mancha; que Cristo tendrá UNA ESPOSA; que actualmente tiene UN CUERPO sobre la tierra; que las “sectas” y “denominaciones” en que se halle dividida la Cristiandad deshonran Su precioso Nombre, son un mal testimonio ante el mundo y se prestan a los planes astutos del enemigo (23), ¿Permanecerá Ud. todavía en “su” denominación? ¡Habrá un AVIVAMIENTO antes de la VENIDA DEL SEÑOR, y Su pueblo será UNO, “Una Cosa”. ¿No quiere Ud. tener el privilegio de que Su Avivamiento en su pueblo o distrito comience con Usted? (24).
El Espíritu Santo le invita a salir A CRISTO a Aquel que le compró con Su sangre preciosa: “Salgamos pues A EL fuera del real (religioso, pero contaminado), llevando Su vituperio”. (25) Si aún tiene alguna duda, escriba al redactor, el cual orará por Ud. y, con la guía del Señor, le ayudará por carta o personalmente. “Para que en todas cosas Dios sea glorificado por Jesús-Cristo. (26)

(1) Efes. 5:27. (2) I Ped. 1:18-19: 2 Tim. 4:8. (3) I Cor. 1:12,13: 3:3. (4) Por orden alfabético, sin discriminación. (5) Hech. 11:26. (6) Mat. 16:18. (7) Hech. 2:14, 36, 41. (8) Luc. 22:31, 32, 61, 62. (9) Esd. 8:28: Dan. 5:1-4; 2 Tim. 2:21. (10) 2 Cor. 6:14-18; Apoc. 18:1-5. (11) Gén. 11:1-9. (12) Apoc. 1:11. (13) Apoc. 2:1,8: no analizamos aquí el estado espiritual de esas iglesias. (14) I Cor. 1:2; 2 Cor. 1:1. (15) I Cor. 1:12. (16) I Cor. 12:12, 13; 1:10; 2 Cor. 1:1 13:11. (17) Mat. 18:20. (18) Apoc. 7:14-17. (19) Apoc. 3:8. (20) Efes. 4:11-13. (21) Juan 10:1-4, 12, 16; 11:52. (22) 2 Tim. 2:22. (23) Mat. 13:25; 2 Cor. 11:3. (24) Mat. 25:10; Juan 17:21; 2 Tim. 4:3-5. (25) Heb. 13:12-13. (26) I Ped. 4:11.

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