La obediencia a la autoridad (legitima) y la desobediencia a la maldad

LA OBEDIENCIA A LA AUTORIDAD (LEGITIMA) Y LA DESOBEDIENCIA A LA MALDAD

HERODIANOS Y “REBELDES”
Los apostoles dicen que hay que obedecer ANTES a Dios que a los hombres. ¿Las iglesias son capaces de entender eso?. O esto: “Mi reino no es de este mundo” (Cristo en el Evangelio según Juan, 18:36).
Así pues, cuando las autoridades actúan mal, no hay por qué obedecerlas, los padres de la Iglesia decían lo mismo. “Si la patria manda algo contra Dios, no obedezcas” (Agustín de Hipona, 354-430).
“El les hacía esta advertencia: «Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.» (Mc. 8:15). ¿Obedecieron la sagrada familia a Herodes y se quedaron para que los mataran? ¿Obedecieron los apóstoles a las autoridades que les prohibian predicar? ¿Se quedó el apóstol dentro de la cárcel donde le habían puesto las autoridades cuando pudo escapar? ¿Callaron los profetas y obedecieron a las autoridades corruptas, dejando de clamar contra la corrupción y las injusticias?
“Escuchen, jefes de Jacob, señores de las tribus de Israel. ¿No deberían conocer lo que es justo? ¿Por qué, pues, odian el bien y aman el mal?  Ustedes descueran vivos a los de mi pueblo y les arrancan la carne de sus huesos. Se comen la carne de mi pueblo, y parten sus huesos y los echan a la olla… Sión se ha edificado sobre sangre, y Jerusalén, en base a crímenes…”  (Miq. 3,1-3.10). ¿por qué tantos líderes eclesiales callan lo que los poderosos hacen al “pueblo” (lo dice el profeta así: pueblo). ¿Ceguera? ¿Cobardía? ¿Obcecación? ¿Orgullo? ¿Avaricia? ¿Amor a la injusticia? ¿Crueldad?
E incluso se permiten la osadía de achacar un supuesto “anarquismo” o “espíritu de rebelión” a quien reclama lo mismo que los profetas y el mismo Cristo.

A LOS POBRES
Hay dos momentos clave en la predicación de Jesús, que tienen todo el valor de una declaración programática. En la sinagoga de Nazaret, al principio de su vida pública, Jesús hace suyas unas palabras de Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la Buena Noticia a los pobres; me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y dar vista a los ciegos, a liberar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor» (Lucas 4:18-19). Y poco después, a los discípulos de Juan el Bautista, enviados para cerciorarse sobre su identidad, Jesús les dice: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia» (Mateo 11:4-5).
Si lo de los pobres lo hubiera dicho otro, nuestros líderes y fundamentalistas ya le hubieran tachado de comunista y de no sé cuántas cosas más. Pero como lo dijo Jesucristo, no tienen más remedio que callar (otra cosa es que Le obedezcan, claro). “Los fariseos, que eran amigos del dinero, oyeron todo esto y se reían de Jesús. Él les dijo: -Vosotros sois los que ante la gente os hacéis pasar por justos, pero Dios conoce vuestros corazones: lo que es admirado entre los hombres, es detestable a los ojos de Dios” (Lucas 16:14-15).

LOS ASALARIADOS Y EL DINERO
Los asalariados necesitan dinero y afiliados para seguir. No tienen más remedio que tener en cuenta el dinero. Porque son asalariados. “El asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, cuando ve venir el lobo las abandona y huye, entonces el lobo se apodera de ellas y las dispersa. Es porque él es asalariado y le dan igual las ovejas” (Jn. 10:12-13). Para un asalariado, las ovejas que realmente cuentan e interesan son las que pagan los diezmos según el Antiguo Testamento.
«Pese a los intentos del clero protestante y católico de auto-engañarse, Hitler no era cristiano y la mayoría de los miembros de su movimiento eran explícitamente anticristianos. Por supuesto, a veces Hitler adoptaba una actitud engañosa. (…) También decía: “¿Usted cree realmente que las masas volverán a ser cristianas?. Tonterías. Nunca más. La historia ha terminado… pero podemos apurar las cosas. Obligaremos a los párrocos a cavar sus propias tumbas. Traicionarán a su Dios por nosotros. Traicionarán lo que sea en beneficio de sus miserables empleítos y sus rentas”» (Paul Johnson, historiador británico, en su “Historia del Cristianismo”, Javier Vergara Editor, 1999).
Los que hacemos estas matizaciones somos considerados díscolos y francotiradores “contra la Iglesia”. Pero simplemente cumplimos con nuestra obligación. Hacemos lo que hacían los profetas.

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FANATISMO E INTEGRISMO RELIGIOSO, GERMEN DE LOS GRANDES CRÍMENES DE LA HISTORIA
Entra dentro de las lamentables y despóticas costumbres del fanatismo y del fundamentalismo calumniar lo que se niegan a entender, ya que, en su soberbia espiritual, se consideran “hermanos mayores” y “superespirituales” ante los demás. Así que los que no piensan como ellos son simples “herejes” y descarriados. Naturalmente, la calumnia es mentira y el diablo es padre de mentira.
Gente que considera “anarquía” denunciar los abusos y las injusticas, son, probablemente, de los que hubieran obedecido a Hitler y quizá hubieran ido a la guerra a matar inocentes y judios. “Los hombres encargados del funcionamiento de las cámaras de gas y de los hornos iban a la iglesia, amaban a sus hijos y eran cariñosos con los animales.” (“Holocausto”, novela de Gerald Green, 1978). Pretender la obediencia a unas malas autoridades lleva a estas consecuencias: “La Iglesia permanecía muda, cuando tendría que haber gritado… La Iglesia reconoce haber sido testigo del abuso de la violencia brutal, del sufrimiento físico y psíquico de un sin fin de inocentes, de la opresión, del odio y del homicidio, sin haber levantado su voz por ellos, sin haber encontrado los medios de acudir en su ayuda. Es culpable de las vidas de los hermanos más débiles e indefensos de Jesucristo” (Dietrich Bonhöffer, pastor protestante asesinado por los nazis; “Ética”, notas desde la prisión, 1943). Claro, muchos alemanes decían que ellos no sabían nada. No lo sabían, quizá, porque tampoco se habían preocupado de querer saberlo. O que “obedecían a las autoridades”. Ernst Kaltenbrunner, responsable del exterminio de millones de judíos declaraba: «Yo no podía erigirme en juez de mis superiores…Si cumplía órdenes que fueron dadas por otros, lo hice siempre en el marco de un destino muy superior al mío, que me arrastraba con todas sus fuerzas».
La misma Reforma Protestante fue una “protesta” contra la autoridad perversa.
Cuando los “Deutsche Christe” (“Cristianos Alemanes”, pronazis que pasaron a controlar la Iglesia Evangélica Alemana) cantaban las excelencias del Führer para “salvar” a Alemania, la minoría disidente de la “Iglesia Confesante” (perseguida por el nazismo) proclamaba valientemente: “No hay otro Salvador que Jesucristo”.
Pero los religiosos adoradores del Estado, actúan de manera espiritualmente indigna, cobarde, rastrera: “Pilatos intentaba liberarlo, pero los judíos gritaban: “Si lo sueltas, no eres adicto al César. El que se hace rey a sí mismo se declara contrario al César” (Juan 19:12). “Entonces ellos gritaron: ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: ¿He de crucificar a vuestro Rey? Los principales sacerdotes respondieron: No tenemos más rey que el César” (Juan 19:15).
“Mientras el Holocausto en su totalidad permanece singular, los elementos que preparan un hecho así me golpean cada vez más como algo cotidiano. Entre estos elementos normales constitutivos incluyo la gran mayoría de los que perpretan hechos así. En la sociedad moderna, los gobiernos tienen un poder enorme para legitimizar. El racismo social que se extiende y el efecto polarizador de la guerra, especialmente la guerra racial, deshumaniza al otro, el enemigo, y lo hace terriblemente vulnerable. La complejidad de la moderna sociedad, con su burocratización, especialización y división del trabajo, diluye el sentido de responsabilidad personal. Por todas partes, la sociedad condiciona a la gente a respetar y a aceptar la opinión de la autoridad. La carrera profesional y la ambición utilitaria no son monopolio de ninguna cultura. Y en todas la presión miope de la masa -sin conciencia autónoma- sienta las normas “morales”. En tales circunstancias, ¿qué gobierno moderno que ha querido cometer asesinatos en masa ha dejado de cometerlos por falta de ejecutores?” (Christopher Browning, profesor de la Universidad Luterana del Pacífico, Tacoma, Estados Unidos, citado en el Museo de la Casa de Anna Frank, Amsterdam, Holanda).

LA FALSA TEOLOGÍA AL SERVICIO DEL CÉSAR Y DE MAMMÓN
A eso lleva la falsa teología herodiana, al servicio de los poderes mundanos, de obedecer ciegamente, es decir, de adorar al César. Pues adorar al César y a la mentira es creer que cuando una injusticia y un abuso es aprobado por algun gobierno pierde la condición de inmoral.
“El cristianismo ha sufrido una deformación causada por su adaptación al reino del César, se ha doblado ante la fuerza de el Estado y se ha esforzado en santificarla” (Nikolai A. Berdiaev, 1874-1948, pensador cristiano ruso perseguido).

En este video se pueden apreciar las estrechas relaciones de Hitler y otros muchos dictadores y asesinos en masa con los herodianos de iglesias corrompidas por el amor al dinero y al poder (es decir, integristas y sinagogas de Satanás).
Agustín de Hipona (354-430) lo explica así: “El verdadero honor para el hombre es la imagen y semejanza de Dios, que no se conserva sino con el auxilio del Mismo que la imprimió” “Si el César busca su efígie impresa en la moneda, ¿no ha de buscar Dios su imagen en el hombre?”
“Diciendo España, digo la Iglesia. Amad a España y amaréis a Dios” (Monseñor Lauzurica, obispo de Vitoria, al principio del franquismo, promoviendo un escandaloso fascismo católico idólatra-españolista).
La crueldad y el sadismo del mundo con su homóloga, la crueldad y la ceguera religiosa, alimentada con la necedad cómoda de muchos “cristianos” nominales.
“Yo sé que son muchos sus crímenes y enormes sus peca­dos, opresores de la gente buena, que exigen dinero anticipado y hacen perder su juicio al pobre en los tribunales” (Amós 5:12).

EL SÍNDROME DE INQUISIDOR
Pero los maniáticos del ordeno y mando, de la ley a palo y tentetieso, embebidos de la soberbia de la rutina y de la falta de renovación según indica Pablo en Romanos 12:2, tienen un enorme desafío, pues en el mundo actual todo cambia muy rápidamente y hay que saber entender los ángulos de cada nuevo problema, no simplemente anatemizar a unos y a otros que no concuerdan con ese pensamiento perezoso y fosilizado del fundamentalismo. Esos vagos espirituales, amantes de la rutina y de la comodidad, al descalificar, cual inquisidores, a los que denuncian injusticias sangrantes y bién visibles, actúan así (quedándose en su casa autosatisfechos de la propia “santidad”): “…el inquisidor que confunde su propia crueldad y su ansia de poder con la voz del Cielo nos atormentará infinitamente, porque nos atormenta con la aprobación de su conciencia” (C. S. Lewis, escritor cristiano norirlandès).

LA DECADENCIA DE LA CRISTIANDAD
Esos “hermanos” son dignos de lástima, pues con esta terrible parálisis o congelación mental y amorosa, también el cristianismo nominal occidental va a la ruína. Y Occidente. Es llevado a un triste fin y de ello tendremos todos que responder ante el Altísimo por la obcecación y falta de interés en buscar la verdad de los hechos y la justicia para el prójimo.
El Señor nos dé, así pues, más luces espirituales para comprender dónde nos encontramos y el mal que hacemos sin verlo o sin querer verlo.

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3 comentarios en “La obediencia a la autoridad (legitima) y la desobediencia a la maldad

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