Lo que Erich Honecker no sabía

Lo que Erich Honecker no sabía

(De “El Heraldo del Pueblo”)

Alemania del Este mira hacia atrás, el 9 de octubre, como el die Wende, “el Día del giro” que llevó al cambio en el gobierno consumando la revolución pacífica. El evento crucial tuvo lugar en Leipzig, el más apropiado de todos; bastión de la Reforma donde Martín Lutero predicó en el siglo XVI, y J. S. Bach tocó el órgano en el XVIII.
Durante 1989 cuatro iglesias de la ciudad mencionada tuvieron reuniones de oración todos los lunes a las 5 de la tarde. Los pastores dirigieron a sus congregaciones en los viejos himnos luteranos, les hablaron con la Biblia en la mano y con un diario periodístico en la otra, y oraron por turnos.

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MANIFESTACIÓN PACÍFICA
Gradualmente las reuniones para orar comenzaron a aumentar, estando compuestas no sólo por los fieles cristianos sino también por disidentes políticos y ciudadanos de todo tipo. Después de cada reunión, los grupos se unirían para andar juntos por las calles oscuras de la vieja ciudad, llevando pancartas y velas: una forma benigna de protesta política.
La prensa informó y la policía secreta rodeó las iglesias, algunas veces enfrentándose a los manifestantes. La jerarquía comunista debatió cómo detener estas marchas pacíficas.
Pero la multitud siguió aumentando: 15.000, luego 50.000, más tarde 150.000 y por fin 500.000, la casi totalidad de la población de Leipzig.
El pastor Wonneberger, sin esperarlo, se encontró a sí mismo en el papel de líder de hecho del movimiento. Predicó la paz y ofreció algunos consejos prácticos sobre las técnicas de la no violencia, a pesar de que la policía secreta le había telefoneado amenazándole de muerte.
El día 9 de octubre casi todo el mundo esperaba que la presión política alcanzara su punto crítico. Unidades del ejército y de la policía llegaron a Leipzig, con la orden, dada por Erich Honecker, de disparar sobre los manifestantes. El país encaraba otra plaza de Timisoara: una masacre. Los hospitales adecuaron sus salas de emergencia y las iglesias y las salas de concierto acordaron abrir sus puertas en caso de que los manifestantes necesitaran refugio urgente.
Cuando llegó la hora de la reunión de oración, 2.000 miembros del partido comunista, se precipitaron dentro de la iglesia para ocupar todos los asientos. El pastor simplemente abrió las galerías, raramente usadas en la iglesia, y unos mil manifestantes se amontonaron dentro. La revista Chistian Century informa que la reunión misma marcó el cambio decisivo: los miembros del partido comunista que habían asistido con la intención de interrumpir la oración se dieron cuenta por primera vez que los creyentes estaban trabajando por un cambio pacífico.

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CASTILLO FUERTE
Nadie sabe con certeza por qué no dispararon los militares aquella noche. Egon Krenz el sucesor temporal de Honecker, merece el crédito de haber sido quien anuló la orden. Algunos conjeturan que Gorvachev mismo telefoneó a Honecker previniéndole. Otros creen que las fuerzas armadas simplemente se sintieron acobardadas por la inmensa multitud. Pero todos coinciden en reconocer las reuniones de oración en Leipzig como las causantes de encender el proceso de cam bio trascendental. Al final, miles de ciudadanos marchando pacíficamente por la ciudad de Leipzig derrocaron al gobierno.
“Tanto si las oraciones mueven las montañas como si no, ciertamente movilizaron a la población de Leipzig”, informó el periódico Nueva República. “Oírles cantar ‘Castillo fuerte es nuestro Dios’, es suficiente para hacerle creer a uno”. El día 9 de octubre, una gran pancarta apareció en una calle de Leipzig que decía: Wir Danken Dir, (Te damos las gracias, iglesia).

AMAD A VUESTROS ENEMIGOS… EN ESTO SABRAN QUE SOIS MIS DISCIPULOS
Erich Honecker encontró refugio en casa de un pastor evangélico cuya familia sufrió bajo el régimen del líder comunista. Uwe Homer presidente de la Conferencia de Evangelistas de Alemania del Este, invitó a Honecker a su casa, ya que éste, de 77 años de edad, sufre de cáncer terminal.
El nuevo gobierno germano-oriental ha acusado a Honecker de alta traición y confiscado sus casas y propiedades, así como las de su mujer y otros miembros de la jerarquía del partido comunista. Solamente en atención a su salud el juzgado de distrito dejó libre a Honecker.
El pastor Holmer, que tiene a su cargo 19 dependencias de su iglesia para minusválidos y pacientes de cáncer, ha descrito su invitación al odiado líder y su esposa como “un acto de caridad cristiana”. Desde entonces ha recibido muchas llamadas telefónicas protestando por su acción.

Philip YANCEY (Trad. por Alfonso Ropero de “Christianity Today”, marzo 90).

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