Local y estructura de reuniones o cultos

LA “IGLESIA”: LA ASAMBLEA DE LOS CREYENTES

¿Qué significa “Iglesia”? Actualmente creemos que se refiere a un edificio de culto o a una organización denominacional. Pero originariamente no tiene apenas nada que ver con eso. El término ha sufrido una transformación (manipulación) debido a una religiosidad mal enfocada. En griego, el idioma del Nuevo Testamento, el término es “ek-klesía”. “Ek” significa “fuera de”, “klesía” proviene del verbo “llamar, convocar”, “ekklesía” tiene la acepción en griego de “asamblea”. Es decir, “los llamados fuera de”. ¿De qué?. Según Pablo, de la vana manera de vivir.
Por lo tanto la Iglesia es los creyentes reunidos, no un edificio ni una organización religiosa. Es la novia de Cristo (invisible de momento), y no tiene nada que ver con construcción de templos.
¿Realmente toda congregación tiene que tener un templo propio? ¿Tiene eso ni base bíblica ni del cristianismo primitivo? No, no tiene ni base bíblica ni aparece en el cristianismo apostólico. ¿Qué es más “práctico”? ¿y en qué versículo bíblico viene la defensa de “lo más práctico”?
Si los césares regalaban templos paganos a los obispos para controlarles, eso nos indica el papel real de los templos. Primero obtienes un templo y luego el templo cambia a la congregación. Que hoy en día la gente entienda por “iglesia” el templo y no la congregación (que es su sentido originario) dice mucho de los peligros del templo de piedra y madera. Pero dudo mucho que la gran mayoría de los evangélicos quieran ver esto y seguro que muchos se molestan de esta reflexión.

Local y estructura de reuniones o cultos 02

LOCAL Y ESTRUCTURA DE REUNIONES
Los primeros cristianos se reunían en casas particulares o al aire libre y, en épocas de persecución, en cuevas y catacumbas. En los países donde la Iglesia es ahora perseguida (como en China, Vietnam o en muchos países islámicos) se reunen en casas o se esconden donde pueden. Y en iglesias en avivamiento, se funciona por células de discipulado en hogares.
Se puede invertir mucho en lo accesorio: comprar un local e incluso decorarlo lujosamente, llamándole “la casa de Dios”. “El cielo es mi trono (…) Lo digo yo, el Señor. ¿Qué casa me podríais edificar?” (Isa. 66:1 y Hch. 7:49).
Primero nosotros modelamos el local, y luego el local nos modela a nosotros limitándonos espiritualmente. El mandato del Señor, sus últimas palabras, fueron ir hasta los confines de la Tierra a discipular, de abrir locales no dijo nada.
Si los grupos denominacionales lo hacen con tanta prioridad es porque a los creyentes les resulta más cómodo para escondernos del mundo, mantener rutinas, conservar la jerarquía humana, e incluso se puede presentar como una especie de “mérito” ante el Señor (o de mandamiento supuestamente divino). Sin embargo, es simple tradición de hombres, sin ninguna base bíblica. Hasta el s. III no hay ninguna constancia de templos cristianos y luego fueron donados por autoridades (a menudo locales de culto confiscados a otras religiones) con el fin de comprar a líderes, controlar a los creyentes y prostituir la fe al mezclarla con la avaricia de poder y dominación (Mateo 11:12). “Ahora, por contra, luchamos contra un perseguidor engañoso, contra un enemigo adulador, contra el anticristo Constancio (un emperador romano). Este…no nos encarcela para liberarnos; no aplica la tortura, pero tiene el corazón dominado; no decapita con la espada, pero mata el alma con el oro (…) honra a los obispos para que no sean pastores, construye iglesias para destruir la fe” (“Liber contra Constantium imperatorem”, 360, Hilario de Poitiers, obispo).
El único templo que Cristo enfatizó fue el de la muerte y resurrección de su propio cuerpo, y ya entonces no fue entendido por los líderes religiosos, que prácticamente lo acusaron de terrorista ante las autoridades romanas (que eran extranjeras, además) por pretender derribar “el templo”.
En Juan 4:20-24 Jesús desmiente la misma ortodoxia al afirmar que en un futuro no adorarán ni en la montaña de Samaría ni en el templo de Jerusalén (motivo de disputas entre judíos y samaritanos al estilo de las actuales divisiones denominacionales o regionales), sinó “en espíritu y en verdad”.
Después de resucitar a Lázaro los ortodoxos legalistas se alarman aún más contra Jesús (Juan 11:42-43), considerándose a sí mismos los guardianes de la patria contra quien resucita a los muertos, ¡utilizan el templo como pretexto para querer matarlo! En Juan 12:42 vemos como hay fariseos, incluso principales, que creen en Jesús pero callan para que no los expulsen de la sinagoga. Ya tenemos, pues, mezcla entre fe y legalismo, tan típica entre los actuales cristianos, que les lleva a callar por miedo a represalias legalistas lo que más debieran aclarar, y eso es debido a que prefieren la gloria humana a la de Dios.
La iglesia canta: “Venid, venid, si estáis cansados, venid”, cuando lo que se debiera cantar es: “Id, id, tú que estás calentando bancos, ve, ve”.
¡La estructura tiene que ser para el Reino, y no el Reino para la estructura!.
El Reino de Dios no es el Cielo –como vulgarmente predican o dan a entender los predicadores asalariados y las denominaciones-, sino que es las Bienaventuranzas, un Reino del amor de Dios para vivirlo ya aquí en la tierra (Mateo 12:28, 13, etc.), pues es la paz divina que habita entre nosotros (Lucas 17:21: “El Reino de Dios está entre vosotros”), y que los malos pastores enturbian y esconden (Jer. 23:2-4, Ez. 34:2-4 y 10-12, Miqueas 3:5, 7 y 11, Zac. 11:15-17).
En la iglesia primitiva todos podían intervenir, y había diálogo, no sólo sermones unidireccionales (1ª Cor. 14:26). Había libertad en Cristo, la “perfecta ley: la de la libertad”, según Santiago 1:25, 2:12.
Cristo dijo que “los gobernantes de las naciones las dominan como si fuesen sus propietarios y los grandes las mantienen bajo su poder. Pero entre vosotros no ha de ser así” (Mt. 20:25-26).
Un buen sistema es reunirse viéndose las caras, en semicírculo, no por enfoque “igualitario” sino porque ni el predicador ni el pastor han de requerir una atención abusiva: ya no hay un sacerdocio “mediador”, sino el universal de todos los creyentes.
El clericalismo sacerdotal como método eclesial no es novotestamentario, en todo caso sería de la vieja ley.

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¿SALARIO Y TEMPLO? ¿REALMENTE TIENEN ALGUNA BASE NOVOTESTAMENTARIA?
Dice el apóstol Pablo sobre cómo él mismo se ganaba la vida durante su ministerio: “Fue a ellos, 3 y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas”.
“9 Y cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad, a ninguno fui carga, pues lo que me faltaba, lo suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia, y en todo me guardé y me guardaré de seros gravoso”.
“33 Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. 34 Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. 35 En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más
bienaventurado es dar que recibir”.
Cuán bendecida estaría la iglesia del Señor si el sustento del ministerio del apostol Pablo no lo tuviesen sepultado los ministros asalariados.
Es cierto que el obrero es digno de su salario, pero la gloria que buscaba Pablo superaba el vivir de la caridad del pueblo del Señor, que muchas veces es mezquina. Veamos:
“15 Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo; porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria.
18 ¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio”.
Una cosa es el siervo de tiempo completo quien sale por amor de Cristo sin recibir nada de los gentiles (3Jn.7), es decir, un misionero. Y, otra muy distinta, es la pluralidad de pastores que cada asamblea debe tener. Ellos, por supuesto, deben trabajar para evitar ser gravosos a la asamblea.
Por supuesto que los asalariados, descalificados por el mismo Señor (Jn.10:12), no desean saber nada del sustento del ministerio del apóstol Pablo, que aunque recibió ayuda de asambleas, siempre se guardó de ser gravoso, pues a Cristo se sirve gratis, como está escrito: “Qué tienes que no hayas recibido”
Pues el Señor Jesucristo no es deudor de nadie, como está escrito: “14 Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. 15 Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; 16 pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. 17 No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. 18 Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios. 19 Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. 20 Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén”
Otro tema: ¿Realmente toda congregación tiene que tener un templo propio? ¿Tiene eso ni base bíblica ni del cristianismo primitivo? (no). Si los césares regalaban templos paganos a los obispos para controlarles, eso nos indica el papel real de los templos. Primero obtienes un templo y luego el templo cambia a la congregación. Que hoy en día la gente entienda por “iglesia” el templo y no la congregación (que es su sentido originario) dice mucho de los peligros del templo de piedra y madera. Pero dudo mucho que la gran mayoría de los evangélicos quieran ver esto y seguro que muchos se molestan de esta reflexión.

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