Tesis sobre las denominaciones

TESIS SOBRE LAS DENOMINACIONES

“Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: «Yo soy de Pablo», «Yo, de Apolos», «Yo, de Cefas» o «Yo, de Cristo» (1ª Corintios 1:12).
“La obediencia es mejor que los sacrificios (=que el culto según tradiciones humanas)” (1ª Samuel 15:22).
“Seremos juzgados por la Perfecta Ley: la de la libertad” (Santiago 1:25, 2:12).

1.-LA CONTAMINACIÓN “DEL SIGLO” Y TRADICIONES HUMANAS

Las denominaciones evangélicas surgieron progresivamente de la evolución religiosa y social de la Reforma Protestante, como un nuevo intento de aproximación a las raíces apostólicas del cristianismo.
Sin embargo, al institucionalizar excesivamente experiencias espirituales, los sucesivos avivamientos (“revivals”) acaban por fosilizarse y pierden una gran parte en el Espíritu. Por eso las denominaciones evangélicas suelen ser un sincretismo (mezcla) de verdades bíblicas y experiencias espirituales genuínas con estructuras de poder de dudosa base bíblica, contaminadas por el pecado inherente a la condición humana y a los intereses creados.
Al principio de la Reforma (anglicanismo, luteranismo), estas estructuras eclesiales fueron casi una mera copia de la Iglesia Romana (maridaje intenso con el Estado, ritualismo-sacramentalismo), y fueron las sucesivas ramificaciones calvinistas las que fueron alejándose del cesarismo “papal” (de ellas proceden bautistas y pentecostales, las denominaciones más comunes en países no germánicos o anglosajones, y especialmente en países latinos). Estas ramificaciones surgieron históricamente en un momento de auge comercial y expansión del poder de países tradicionalmente protestantes (como Inglaterra, EUA, Alemania, Holanda, Escandinavia…), y fueron creadas y dirigidas por esta mentalidad emprendedora y comercial burguesa, lo cual les dio su inconfundible inspiración de sociedad anónima comercial. (Estudiosos de la Reforma han analizado extensamente la interrelación entre protestantismo y especialmente calvinismo con el surgimiento del capitalismo -y el parlamentarismo o democracia- modernos, ver por ej.: http://www.ne.jp/asahi/moriyuki/abukuma/weber/world/ethic/pro_eth_1.html ).
Si las iglesias Romana, Anglicana o Luterana fueron invadidas por las formas de poder de su tiempo y sociedad (cesarismo feudal), igual que Israel lo fué por la mentalidad de su tiempo (incluso por la idolatría y la prostitución “sagrada”), las denominaciones del tronco calvinista han sido invadidas y formadas a imagen de su propio tiempo y sociedad: el capitalismo occidental, sobre todo el norteamericano.
Así como en la Historia de Israel, el judaísmo fue influído y desviado por su entorno mundano, igualmente el cristianismo se ha visto influído y desviado por el suyo propio, y, como siempre, por el origen de todos los males según Pablo: el amor al dinero, raiz de todos los males (1ª Tim. 6:10). “Cuando pueden permitirse buenos bocados proclaman que viene la paz, pero declaran la guerra santa a quien no les pone nada en la boca (…) Los que gobiernan se dejan sobornar, los sacerdotes piden dinero por sus oráculos, y los profetas vaticinan por dinero; y aún se atreven a apoyarse en el Señor diciendo: ¿No es cierto que el Señor está entre nosotros y no nos caerà ninguna desgracia encima?” (Miqueas 3:5, 7 i 11).
Desde que la Iglesia sucumbió en el s. IV a la fornicación con el Poder mundano (político-militar-pagano) y pasó a ser controlada por los Césares (políticos a menudo muy poco recomendables cristianamanente hablando) y a un sincretismo religioso con el paganismo; igualmente, el efecto acumulado de tradiciones sobre sus diversas ramas ha constituído un inmenso lastre de rutinas y prejuícios muy difíciles de neutralizar.
Las iglesias y denominaciones se han conformado de hecho a la mentalidad de este siglo (Rom. 12:2) y han copiado sus estructuras humanas -igual que Israel prefirió los reyes a los jueces y las codornices al maná- bien sean jerarquías feudales como la piramidal Iglesia de Roma o sociedades anónimas empresariales como buena parte de las “dinámicas” denominaciones evangélicas.
“Es la tradición la que nos hace decir: -Señor, NO- En las Escrituras leemos acerca de la unidad del cuerpo de Cristo y decimos casi a voz en cuello: “¡No! ¡Dios quiere las denominaciones tal como son!” Decimos que la Biblia es nuestra regla de fe y práctica, siempre y cuando no entre en conflicto con nuestras tradiciones. ¿Qué le parece?” (“Las Odres Nuevas”).

2.-DOGMAS ABÍBLICOS PARA PERSEGUIR A LAS VOCES PROFÉTICAS O A LA DISIDENCIA INTERNA

En las denominaciones evangélicas se funciona normalmente con un capital prestado por la “iglesia local” madre (la que envía los misioneros), la cual designa a dedo un ejecutivo o capataz (“pastor” asalariado, ver Jn. 10:1-15) que tiene como misión afiliar conversos o simplemente miembros (“ganar almas” en lenguaje religioso) y sustituir a la autoridad apostólica (pastores no asalariados, ancianos locales, profetas y apóstoles-enviados).
“El asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, cuando ve venir el lobo las abandona y huye, entonces el lobo se apodera de ellas y las dispersa. Es porque él es asalariado y le dan igual las ovejas” (Jn. 10:12-13). Para un asalariado, las ovejas que realmente cuentan e interesan son las que pagan los diezmos según el Antiguo Testamento. Jer. 23:2-4, Ez. 34:2-4, Zac. 11:15-17.
Un pastor es alguien que cuida a las ovejas y no un empleado (no un asalariado o mercenario a las órdenes de quien le pague). Es decir, que es un ministerio y se debe al Pueblo de Dios, no al dinero; no hay que confundir un ministerio, el de pastor (que no es tanto predicar, que es cosa de maestros, sino el de cuidar y consolar a “las ovejas”) con un cargo-empleo-titulación legalista (el de asalariado). Normalmente se considera que un pastor ha de cobrar de la denominación y ha de predicar. Pero ¿hay base bíblica en estas creencias, hoy en día tan populares y generalizadas?
Pastor es el que pastorea, es decir, aquel que cuida y consuela a los herman@s, no necesariamente el que predica.
“Predicador” no viene así en el NT. Se puede considerar que un predicador pueda ser un maestro. Pero los predicadores que predominan son los histriónicos, los repetitivos, los que tienden a montar espectáculos religiosos, etc. Muchos, sin duda, pueden decir cosas buenas, nadie somos perfectos. Pero a lo que me refiero es que lo que ahora se entiende por pastor no es lo mismo que el tipo de pastor del NT y en cambio ahora se da mucha importancia al hecho de “predicar”, que tampoco viene exactamente así en el NT. Un pastor no es “el predicador”.
El diezmo es del antiguo pacto y no aparece en el NT. Allí se refiere a evangelizar “sin zurrón”, aunque “no poner bozal al buey que trilla”. Eso puede significar que el pastor tiene derecho a comida y techo. ¿A más? Pablo cosía tiendas para ganarse la vida y era el apóstol de los gentiles. También Jesucristo habla contra “los asalariados”. Un pastor cuidadoso debe temer ser considerado “asalariado”, puesto que el Señor mismo previene contra ellos. No temer es un signo de preocupante ligereza espiritual.
Los creyentes son reclutados -con técnicas de afiliación y persuasión que incluso tienen nombres específicos como “iglecrecimiento” y una especie de “planes quinquenales” de “engorde” del número de miembros afiliados- para la sociedad anónima y controlados por el sistema de carnet de membresía -que no aparece en la Biblia- y que incluye un sistema de convenciones generalmente poco bíblicas y un sistema de sutil anatemización y de disciplina, incluída la expulsión y la negación del saludo (que vienen en la Biblia en la forma pero que en su puesta en práctica suele ser contrario a la Biblia en el Espíritu, pues se aplica al débil y al diferente en casos dudosos mientras que no se aplica al líder y al convencional aunque sea en casos claros). Se hace acepción de personas.
Se trata de un sistema de control más o menos sectario sobre la libertad espiritual con el fin de guardar un orden convencional y autoritario (humano) de la “empresa” denominacional y expulsar al miembro que vea las cosas distintamente según su interpretación a conciencia de la Biblia. Por ej., el que pida que no haya acepción de personas o de grupos humanos, discriminaciones lingüísticas contra lenguas indígenas o incluso el que no pague los diezmos (tema este del Antiguo, no del Nuevo Testamento, dónde no se habla de diezmos en la iglesa).
Si estos cristianos “protestantes” (= “que protestan”) plantean o no modelos más bíblicos, esto no es tema debatible para unas “iglesias” que ya se consideran acabadas y “bíblicas” de por sí y por antonomasia
(Apoc. 3:14-22) más o menos en el mismo sentido que la Iglesia Católicoromana declara infalible a su Papa y que en el fondo consideran que ni la propia Palabra de Dios es más infalible que ellas mismas: Se consideran, en el fondo o en la práctica, más “ortodoxas” y “verdaderas” que los mismos apóstoles.

image-0001256

3.-ESTRUCTURA COMERCIAL, PREDICACIÓN Y TALANTE DE LAS DENOMINACIONES “EVANGÉLICAS”

“El Espíritu Santo comenzó su obra de quebrantamiento. Lo primero que me dijo fue: -Juan Carlos, lo que estás dirigiendo no es una iglesia. Es un negocio.” “-Estás promoviendo el Evangelio de la misma manera que la firma Coca Cola promueve sus productos, -me dijo-. Igual que Selecciones del Reader’s Digest vende libros y discos. Te vales de todos los subterfugios humanos que te enseñaron en el Seminario. Pero, dime ¿dónde está mi mano en todo esto?” (“¿Niños para siempre? “Las Ordres Nuevas”).
Estas sociedades anónimas no suelen mirar por la comunión y unidad en Espíritu de todo el rebaño del Señor, sino que, en sus estructuras, enmarañan y dividen con opresivas jerarquías humanas y tradiciones antibíblicas lo que dice el NT.
Así, mantienen anatemas y divisiones humanas, pues estas empresas han sido autosacralizadas como la máxima Voluntad de Dios en la Tierra, y convertidas en ortodoxias petrificadas, sin apenas lugar para la renovación libre y constante del Espíritu Santo a través de la voz profética.
Miran más bien por su propia lógica empresarial de subsistencia y a esta dinámica someten su funcionamiento y su interpretación de la organización eclesial. Estas sociedades (o clubs de poder religioso) no están nada decididas a ceder capital humano (miembros con sus diezmos) a “la competencia” (las otras denominaciones que le disputan ser “Las Verdaderas”). Como falsas madres, prefieren partir al niño antes que cederlo. Como se han autosacralizado, se consideran tan infalibles como el Papa, aunque sólo implícitamente, sin atreverse a hacer de ello un dogma de fe identificable, con lo cual añaden confusión, sutileza oscurantista e hipocresía al error de base.
En Malaquías 1:10 leemos la siguiente pregunta: “¿Quién también hay de vosotros que cierre las puertas o alumbre mi altar de balde? Yo no tengo complacencia en vosotros, dice Jehová de los ejércitos…”
Si nos fijamos en el tema de las predicaciones de las denominaciones bautistas o pentecostales veremos que pocas veces se predican los Evangelios (a diferencia de la Iglesia Romana, paradójicamente). Debe ser porque el simple Evangelio, que sus líderes, sermoneadores y asalariados no están dispuestos a cumplir por lo costoso y “engorroso”, les dejaría demasiado en evidencia, por contraste con sus prosaicas (digámoslo así) actuaciones cotidianas.
“Pero en la Iglesia cuando llega el segundo hijo, el primero todavía es un bebé. Cuantos más niños nacen en la iglesia, tantos más son los pañales que tenemos que cambiar por vez. Pero si todos están creciendo, ministros y ovejas por igual, existirá armonía. Note a Pablo. No comenzó siendo un apóstol, sino que principió siendo un discípulo que testificaba en la iglesia… Pero continuó creciendo.” “Somos tapones que estamos bloqueando el camino. Las ovejas crecen y siguen creciendo y se desarrollan y se arremolinan a nuestro alrededor, imposibilitadas de continuar creciendo hasta que nosotros crezcamos un poco más. Siguen escuchando nuestros sermones y muy pronto saben tanto como nosotros y resulta entonces que se crea una cámara de presión.” (“Las Odres Nuevas”).
Mayoritariamente predican a Pablo y en el caso de los pentecostales también bastante el libro de Apocalipsis, siempre útil para atemorizar al rebaño para que obedezca y pague el diezmo ante el inminente fin de los tiempos.
Las diversas iglesias quieren siempre acaparar todos los pensamientos en pos de su dios comercial alegando que es un Dios de justicia. Suplantan la misma idea del Dios santo y bíblico.
De hecho más que “evangélicos” podrían quizás (con reservas) llamarse “paulinos”, y más que “pentecostales”, “corintios” (pues en Pentecostés las lenguas eran humanas para la evangelización, mientras que en las iglesias pentecostales las lenguas suelen ser angélicas, sin interpretación y a veces con desorden y toda clase de “efectos especiales” que dan mucha animación a los cultos -a veces para edificación y otras para entretenimiento religioso de la feligresía).
A menudo, un tal cambio de nombre les retrataría mejor y evitaría la confusión que propagan sus actuales nombres denominacionales.

4.-PROFUNDO DESINTERÉS POR LA JUSTICIA, SACRALIZACIÓN ABUSIVA DE TODA AUTORIDAD Y REPULSIÓN HACIA EL REINO DE DIOS SEGÚN LAS BIENAVENTURANZAS

Estas empresas denominacionales no miran globalmente por lo que “no renta”, es decir, la justicia para las capas sociales empobrecidas, los pueblos marginados, la infancia del Tercer Mundo, los pueblos sin traducción bíblica, etc. o si lo hacen en alguna medida es algo muy limitado y sólo para alguna causa muy concreta (drogadictos, presos, etc.) que “está bien visto” en la congregación local o denominacional (pues es de buen tono tener alguna obra social visible) y es como la moda en una iglesia “local” concreta, una especie de seña de identidad de la cual vanagloriarse. Más ya no.
Naturalmente siempre hay algunos de sus miembros, más sinceros, que demuestran su entrega a Cristo con un compromiso más serio por los desfavorecidos o marginados, sin olvido ni prejuício, pero éstos son la excepción casi siempre y una estricta minoría frente a la inmensidad de los “calientabancos” y que dicen sí a todo lo que les cuentan y les mandan (si no es difícil, por supuesto).
Naturalmente sacan lo de que “las obras no salvan”. Ya lo sabemos. Pero cuando Pablo dice eso se refiere a las de la ley, no a las de misericordia. En cambio cuando habla Santiago –y el mismo Jesucristo al describir el Juício Final- de las obras se refiere a las de misericordia como confirmadoras de que se tiene fe.
Estas empresas religiosas, antes que a obras sociales en lugares más o menos remotos, prefieren que los diezmos se destinen a los asalariados y al templo, para que sea lujoso y atraiga a gente selecta que pague más. Es la lógica comercial inconfesa de muchas “iglesias locales”, de aquí su desmedida templolatría y su interés a menudo mayor por el edificio de piedra que por el corazón de carne. Ya Cristo se las tuvo que ver por este mismo asunto con los líderes templólatras de su tiempo. Mt. 21:13. Ver también Hch. 17:24, 1ª Cor 3:16-17.
Para estos grupos es mucho más importante, en la práctica, guardar buenas relaciones con las autoridades (aunque sean de una Dictadura inmunda o un régimen racista, totalitario o colonial) que les permitan su acción empresarial sin travas legales.
Para justificar tan dudosa actitud “pragmática”, crean un ambiente religioso y “pío”, por encima del “pecado del malvado mundo”, superespiritualizan toda consideración concreta sobre lo que es justo y lo que es abominable, la verdad de lo que sucede, etc. “despreciando lo terrenal” (como han hecho siempre las herejías de todos los tiempos: gnósticos, maniqueos, montanistas, monofisitas, musulmanes al no reconocer que Cristo murió en carne, cátaros, etc.) y priorizando estrictamente las actividades más rutinarias y rituales (los cultos, el diezmo, la autoridad omnímoda del pastor o de los líderes, el sacramentalismo religioso, etc. incluso los cumpleaños de los “miembros”, a veces en un ambiente de intensa ñoñería para tener contentos y entretenidos a los “miembros” infantilizados). Es decir, lo más inofensivo frente a la injusticia, la corrupción, la opresión de Mammón y del príncipe de este mundo. Si alguien les hace notar que la justicia social es una categoría bíblica básica o que la denuncia de la corrupción religiosa es la base de los profetas y de Jesucristo, les acusarán de “hacer un Evangelio social”.
Por supuesto, tachan de “política” cualquier sentido por la justicia, y tapan su colaboración con la tiranía y la injusticia con que “hay que obedecer a las autoridades” (Rom 13:1), olvidándo que antes que a las autoridades humanas hay que obedecer a Dios (Hch. 5:29) que nos manda ser justos, sin lo cual no heredaremos el reino de Dios (1 Cor. 6:9).
Así pueden ya desentenderse –sin hacer sospechar a sus adeptos mejor intencionados o más despiertos- de las desgarradoras situaciones concretas de dolor y olvido, de los compromisos concretos e inequívocos que les llevarían a arriesgar realmente su vida por las ovejas (Jn. 10), en particular por los sectores más marginados (Tercer Mundo, comarcas deprimidas, inmigrantes pobres, lenguas-pueblos autóctonos o indígenas o sin iglesia propia, etc.). “Al ver las multitudes, (Cristo) se compadeció de ellas, pues andaban descarriadas y abatidas, cual ovejas sin pastor” (Mt. 9:36, Mc. 6:34). “Por lo cual, sabiendo que la misericordia de Dios nos ha confiado este servicio, no nos acobardemos. Más bién evitemos obrar a escondidas, como quien siente vergüenza; conduzcamonos sin astucias y no adulteremos la palabra de Dios. Muy al contrario, sintámonos en presencia de Dios, procuremos ganarnos la confianza de todos diciendo claramente la verdad. Y si el evangelio que anunciamos queda aún como cubierto de un velo, es sólo para los que van a la perdición” (2ª Cor 4:1-3).
De hecho suelen aliarse incluso políticamente a regímenes horrendos (como el apartheid surafricano; o como la Iglesia Católica con los croatas pronazis o la Dictadura franquista o la de los militares argentinos, incluso colaborando activamente en genocidios como el de Ruanda, etc.) y defenderlos con fanatismo y sin ninguna conciencia del enorme daño y dolor que producen en gente indefensa ante tales barbaridades y tiranías. Esto cabe considerarlo abominación delante del Señor. Es el estilo de la cadena radiofónica de los obispos españoles, la COPE.
Para justificar tan mala teología sacralizan la autoridad del “César” (versión religiosa de la maquiavélica “Razón de Estado”) en un sentido similar a la sacralización de sus propios líderes o de las divisiones denominacionales (en la práctica cotidiana), es decir, igual que la Iglesia de Roma o los fariseos, sacralizan no sólo las tradiciones puramente humanas y antibíblicas sino incluso a veces las abominaciones. El patriotismo de Estado español, francés, peruano, mexicano, italiano, o “x” pasa a ser algo etéreamente sagrado, positivo, más allá del bien y del mal, y sus autoridades o líderes, aunque sean tiranos y corruptos, alguien a quienes obedecer sin cuestionarse demasiadas cosas sobre la honestidad de lo que imponen.
No entienden que, cuando Cristo hablaba de Devolver al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22:21), estaba hablando en primer lugar de priorizar la Justicia del Reino de Dios (Bienaventuranzas) y en 2º en no deber nada al César (=Estado, autoridades políticas, siempre corruptas): había que devolver a César lo que llevaba su imagen (el oro imprimido por el que domina), y a Dios lo que lleva la suya (el hombre creado a imagen de Dios).
A aclarar que el original griego no es “dar”, sino que es más claro: “devolver” (“apódote” en griego, “give back” en inglés). No se da al César: se le devuelve lo que es de él, no nuestro (su corrupto sistema económico que lleva su imagen impresa).
Las denominaciones han aceptado en algunos países no pagar impuestos al Estado –en el caso español, acuerdos de la FEREDE con el Gobierno, con lo que, desde luego, no están devolviendo a César lo que lleva su imagen, sino levantando sus negocios religiosos (más o menos bién intencionados) con dinero de todos los contribuyentes (religiosos, agnósticos, ateos, etc.), lo cual es el principio del maridaje con el Poder político (Iglesia de Pérgamo, Apoc. 2:12-17).
Instruídos por una larga experiencia de estar al sol que más calienta, de hacer de la organización religiosa un fin en si mismo, y de adular servilmente al poderoso aún cuando tenga las manos manchadas de sangre inocente, las iglesias visibles (organizaciones) acusan –además- de “hacer política” a quien denuncia tales ignominias, mientras que las que realmente hacen política con más o menos buenos dividendos y prebendas prácticas (que es el uso común de los profesionales de la política) son, sin duda, ellas mismas. La desfachatez y el cinismo cierran así la vuelta de tuerca calumniando a las voces proféticas que claman contra la injusticia y la abominación religiosa. Lc. 11:50.
Tampoco queda muy clara la interpretación que suelen hacer de lo que Pablo dice sobre la autoridad en Romanos 13:1-4, al olvidar el versículo 5 donde habla de motivos de conciencia, que es el auténtico trasfondo, pues no toda autoridad (Calígula o Nerón en tiempos apostólicos, Hitler, Stalin, Franco, Ceaucescu o Pinochet en tiempos más recientes, pongamos por caso) es buena, aunque sea la que Dios permita en castigo o prueba a un determinado pueblo. Pero por conciencia podemos objetar a una ley del aborto (Salmo 106:38, 139:13), a jurar bandera (Sir. 27:14, Mt. 5:36, Stg. 5:12), a ir a la guerra (Salmo 5:7, Job 24:14), etc. por más que la autoridad legal nos induzca de alguna manera a ello.
Los primeros cristianos fueron objetores de conciencia a rendir honores al César, pues se trataba de una ceremonia de divinización del Poder político (los emperadores romanos solían ser declarados “dioses” y recibían un sencillo ritual crematorio de parte de los ciudadanos), y por negarse a ello, bastantes fueron martirizados.
El mismo Anticristo es descrito como autoridad política en Apocalipsis. Y dicen Pedro y los apóstoles que es necesario obedecer a Dios (y a su Justicia) antes que a los hombres (Hch. 5:29). “Una mala ley no es ley” (Agustín de Hipona, Padre de la Iglesia).
Las sociedades anónimas denominacionales no ahorran sistemas de rendir honores al poder político constituído, porque dependen de su permiso para medrar con el mínimo de obstáculos materiales. Pero, como decía Bonhöffer (pastor luterano disidente, bajo el III Reich): “La libertad de la iglesia no está donde se la toleran, sino allí donde el evangelio de verdad y por su propio esfuerzo se abre camino en la tierra, aunque –y precisamente cuando- no le dan permiso” “Pero cuando la gratitud por la libertad institucional se tiene que mostrar sacrificando la predicación, la iglesia está ya encadenada, aunque se crea libre”.
Por eso en muchos países islámicos, comunistas o dictatoriales, las iglesias son “caseras”, carecen de templos, igual que carecían casi totalmente de templos hasta el s. III ó IV.
Pero porque miran a los hombres a menudo más que al Evangelio, las denominaciones (sus líderes) son muy meticulosas en defender las razones de Estado de cualquier tipo, como si fueran más ministros del Estado que de Dios, y además con muy escasos escrúpulos, llegado el caso. Es defender el rodillo de la lógica de Mammón, y olvidar y marginar a los muchos millones de indigentes y olvidados del Tercer Mundo e de aquí mismo.
Sin duda podremos encontrar en estas iglesias muchas excepciones muy honorables e incluso heroicas, pero son sólo eso: excepciones, el Cuerpo de Cristo que también vive enmedio de estos grupos. Dios se sirve de todo aquel que participe de alguna manera en su Verdad, incluso cuando aún no ha creído en el Evangelio o incluso cuando sea un fanático o un líder religioso cínico y avaricioso: es lo que hay. La Providencia de Dios utiliza a cada uno tal como está abierto a la Providencia de Dios o lo que pueda ser útil en un determinado momento.
Las denominaciones son, en sí mismas, estatistas (serviles a los hombres) y comerciales-capitalistas, porque crecen en un medio babilónico de consumismo desenfrenado y lujo insolente que se está haciendo “habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo y albergue de toda ave inmunda y aborrecible. Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites…” (Ver Apoc. cap. 17-18). Siempre el ambiente mundano afecta al pueblo de Dios.
Por lo general y en mayor medida, las empresas denominacionales son campo de batalla del poder del Mundo contra la Iglesia Invisible de Cristo (Cuerpo Místico). Son grupos mundanos disfrazados de Iglesia Visible, respetable y autoproclamada verdadera (generalmente, desde dentro se sobreentiende que es la única verdadera o, al menos, la mejor, en una muestra de “humildad”…ya que la soberbia, aunque sea el peor pecado no es directamente “visible”). Predican una cierta ortodoxia teórica (una verbalización), pero de contenido muy limitado en cuanto a Bienaventuranzas (Reino de Dios aquí según Lucas 17:21: “El Reino de Dios está entre vosotros”) y en poder de Dios.
El mismo hecho de que se pasen el día “reprendiendo a Satanás” debe ser porque tales estructuras usurpadoras atraen a los demonios como un enjambre, con lo cual a veces parece como que los miembros de estos grupos se pasan más tiempo luchando contra los diablos que practicando el Evangelio (o quizá se les pegan los demonios por pecado de omisión según Stg. 4:17), y más anunciando las “Malas Viejas” de desastres y amenazas de todo tipo que las “Buenas Nuevas” de enseñar con su propio ejemplo.
Éste es el espíritu (no santo) que se oculta detrás de la sacralización antibíblica de las denominaciones evangélicas, que pretenden ser lo que sólo Dios sabe (=sus elegidos en exclusiva). Es así como a veces se permiten el lujo de juzgar al prójimo y pretender substituir a Dios en su función de Juez Supremo. Y si Cristo envió a sus discípulos “sin sandalias ni zurrón” (Mt. 10:10, Mc. 6:8, Lc. 9:3, 10:4, 22:35), estos señores han montado toda una empresa religiosa para que se lo pague todo según ellos decidan y manden -aunque no llegue a ser tan aparatosa como la fastuosidad del Vaticano.
Pero escrito está: “Qué difícil es para los ricos entrar en el Reino de Dios” (Lc. 18:24). “No podeis servir a Dios y al dinero a la vez” (Mt. 6:24).
“Babilonia, la grande, la madre de las prostitutas y de las abominaciones de la tierra” (Apoc. 17:5). Si hay una madre prostituta (el Vaticano) quiere decir que tuvo hijas, derivaciones (las denominaciones sectarizadas).
“Salid de ella, pueblo mío…” (Apoc. 18:4), no de una u otra denominación (quizá hay iglesias locales donde las estructuras de autoridad pueden llegar a ser bastante correctas y bíblicas), sino de estructuras viciadas para injusticia y perdición, de creer en ellas como si fueran la única voluntad de Dios. Y esto con el fin de edificar el Cuerpo de Cristo, que es místico e invisible -según sólo el Buen Pastor sabe, pues sólo él conoce a sus ovejas- en su Libertad y en el orden del Espíritu Santo (Bienaventuranzas) según Oseas 6:6: “Misericordia quiero y no sacrificios y que Dios sea debidamente conocido antes que tanta ceremonia (religiosa)”.
Las denominaciones suelen dar a entender que sus libros de membresía y sus carnets vienen a coincidir –más o menos- con el Libro de la Vida (Apoc. 21:27), lo cual es pretender suplantar a Dios a la hora de juzgar a los creyentes: Realmente abusivo y de una arrogancia implícita abominable, soberbia diabólica y anatema.

5.-LA AUTORIDAD EN LA IGLESIA SEGÚN EL SEÑOR

La autoridad en la Iglesia de Cristo es por servicio real y no por cargo delegado (asalariado con título honorífico de “pastor” o incluso de “predicador”, que ni siquiera aparece como tal en la Biblia). Éste es el sistema de Anás, de Diótrefes (3ª Jn 1:9) o del Papa, pero no el de Cristo. Un pastor no es uno que “gobierna” o que “predica”, sino quien cuida y ama (Juan 10:11), que da su vida por las ovejas. Sólo hay auténtica autoridad donde hay responsabilidad por las almas. No permitamos que autoridades religiosas aten al rebaño del Señor (tal como los “nicolaítas” del mensaje del Espíritu del Señor a las 7 iglesias de Asia, en Apoc. 2, que Dios “detesta”).
Sólo hay auténtica autoridad según el Señor allá donde hay igualmente responsabilidad por las almas. No permitamos que autoridades religiosas circunciden espiritualmente a los creyentes, pues el nacido de nuevo en el Espíritu es esencialmente libre, nadie sabe de donde viene ni adonde va, dice Juan 3:8, y que posee una gracia multiforme, 1ª Pedro 4:10, es decir, muy diversificada, y no cabe en rígidos sistemas eclesiales que no permitan la libre expresión y que impongan uniformidad según medidas humanas e intereses extrabíblicos.
Pero en las denominaciones evangélicas, el poder del pastor (el clericalismo o nicolaísmo) suele ser tan central que provoca una intensa dependencia de toda la congregación respecto a él, provocando un ambiente desvalido e infantil, e inutilizando y esterilizando gravemente los dones o carismas del Espíritu en los creyentes. Es del tipo de ambiente dónde a veces sólo falta que algún creyente obediente y modélico le pregunte al pastor: “Pastor, se me ha caído el lapiz, ¿puedo recogerlo?”. “Sí, miembro fiel (y pagador del diezmo), recógelo, recógelo”.
Porque nuestra libertad es en Cristo y es de Cristo, no nuestra propia, y sólo a Su autoridad según Su Palabra debemos someternos en última instancia, no a hombres que nos “manden” otra cosa que a ellos les interese. Somos administradores de lo que Dios nos da para ponerlo en práctica como en la parábola de las minas.
“El poder de la tradición es aterrador. Dios no puede hacer muchas cosas por causa de nuestra esclavitud. Cada vez que El quiere cambiarnos un poquito nos escandalizamos” “Eso es lo que ocurre cuando nuestras mentes, cerradas a todo aquello que no sea lo tradicional recibe algo fuera de lo que estábamos acostumbrados. Nos hacemos pedazos” (“Las Ordres Nuevas”).

— ENLACE RELACIONADO —
Anuncios

Un comentario en “Tesis sobre las denominaciones

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s