El aborto: una vieja polémica

EL ABORTO: UNA VIEJA POLÉMICA

Película “Blood Money”

El aborto: una vieja polémica 02

Introducción
Ya de entrada quiero precisar que el autor de este escrito NO es favorable al aborto, aunque tampoco pretendo una penalización legal indiscriminada (son dos cosas distintas, porque la convicción propia nos pertenece, pero juzgar y querer penalizar es competencia de las autoridades, no de los creyentes).
Así que les ruego que, si no están dispuestos a leer este escrito COMO ALGO NUEVO, como aportaciones y matizaciones en un debate complejo, si van a leer lo que no afirma y suponer lo que no dice, más vale que no lo lean, por favor, ruego que NO LEAN ESTO POR CURIOSIDAD O PARA JUZGAR AL PROJIMO SINO POR AMOR A LA VERDAD Y AL DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL, más allá de la parcialidad ideológica.
También aclaro: No me parece bién la ampliación de la ley del aborto del Gobierno español sin consentimiento paterno a menores de edad, tampoco me parece lo más apropiado los ataques violentos contra centros abortistas en algunos países, ni que se paguen abortos gratuítos a través de la seguridad social, ni que las iglesias insistan mucho más en este tema que en otros que aparecen mucho más en la Biblia, etc. etc.
Así que, si se lee, se debe ajustar a lo que se dice estrictamente y no montar un juício “por lo que se supone que dice”, pues la suposición es la madre de la calumnia, y la calumnia de la injusticia y del crimen.

-El aborto según la Biblia
“Son las Escrituras en exclusiva, y no la tradición evangélica conservadora o cualquier otra autoridad humana, las que deben funcionar como la autoridad normativa para la definición del que debemos creer. La autoridad de las Escrituras quiere que todas las palabras en las Escrituras sean las palabras de Dios de tal manera que dudar o desobedecer cualquier palabra de las Escrituras sea dudar de Él o desobedecer a Dios” (Dr. Wayne Grudem, en “Teología Sistemática”).

He aquí un tema delicado y fácil de manipular sentimentalmente.
La Biblia no cita expresamente más que un solo versículo directamente relacionado con el aborto, y no es como el aborto a qué se refieren las actuales campañas antiabortistas. Se trata de Éxodo 21:22 donde se habla del castigo para quien hiciera abortar a una mujer, pero no contempla el tema del aborto “decidido por una mujer” (o por una pareja). “Si algunos riñeren, e hirieren a mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, serán penados conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces. Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe”

Así pues, y ajustándonos estrictamente a lo que dice la Biblia explícitamente, tendríamos que concluir que hay base bíblica para condenar, por ej., el llamado “aborto blanco”, aborto producido en mujeres a causa de la contaminación, malas condiciones laborales o similares. Precisamente de este tipo de aborto es del que menos hablan los penalizadores o los antiabortistas, pues más bién lo ignoran por completo. Del aborto “decidido” la Biblia no dice nada, al menos no explícitamente. No es que en aquella época no sucediese también, aunque seguramente mucho menos que en la actualidad, pero la Biblia no dice nada.
“Sólo por medio de la más tortuosa exégesis y con una teorización teológica muy débil puede arrancarse a las Escrituras algo parecido a una posición antiabortista… Si hay buenas razones para oponerse al aborto bajo demanda, y puede haberlas, habrá que encontrarlas fuera de la Biblia” (Delos B. McKown, “What Does the Bible Say About Abortion?”, Free Inquiry)
“Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo… no aparece una sola mención que prohíba de modo específico el aborto. Ni san Agustín ni santo Tomás de Aquino consideraban homicidio el aborto en fase temprana (el último basándose en que el embrión no ‘parece’ humano). Esta idea fue adoptada por la Iglesia en el Concilio de Vienne (Francia) en 1312 y nunca ha sido repudiada. La primera recopilación de derecho canónico de la Iglesia católica… sostenía que el aborto era homicidio sólo después de que el feto estuviese ya ‘formado’, aproximadamente hacia el final del primer trimestre” [Carl Sagan, “Miles de millones”]
Continuamente los evangélicos buscamos para todo una base bíblica y es sorprendente cómo para este tema no lo hacemos y tantos parecen tener claro una postura de prohibición o pro-penalización jurídica del aborto.
Estos hermanos dirán probablemente que “el aborto es crimen” y que la Biblia prohibe matar (aunque quizá para el tema de guerras o de ir al Ejército no insistan en estos aspectos). En tal caso, entran en juego las valoraciones de si el feto es ya persona o “proyecto de persona” (vida, evidentemente, lo es, aunque todavía no independiente o autónoma). Un profeta, en concreto Isaías, decía: “Jehová (Yahvé) me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria” (Isaías 49:1). En este sentido puede entenderse que, al menos en el caso de Isaías, y se podría generalizar a todos los hombres de Dios, y quizá a toda persona humana, que un feto puede ser ya considerado persona. Pero en definitiva este versículo sólo dice que Dios puede llamarnos y decidir sobre nuestro futuro y preveer aún antes de nacer.

El aborto: una vieja polémica 01

Leyes, aborto y cristianos
¿Estoy defendiendo pues el derecho al aborto libre? No, sólo quiero demostrar que no es un tema tan claro, ni mucho menos reiterado en la Palabra de Dios, por lo que intentar penalizarlo no parece una solución cristiana. Puede ser una decisión política, una ley de las autoridades, algo que Dios permite, pero no una alternativa cristiana para las leyes o la política.
Los cristianos no debemos apedrear a la adúltera, ni despreciar al pecador o a la “madre” que ha abortado, quizá por razones que a nosotros se nos escapan. Es difícil ponerse en lugar de otro, y el Señor nos previno sobre juzgar. Si hay dureza de corazón, lo que debemos intentar, con la ayuda del Señor, es que esa dureza desaparezca en las personas; pedir al Estado que las castigue eso no entra en las competencias de un cristiano bíblico. Es mejor aportar todo tipo de medidas preventivas posibles y bíblicas. A menudo los autodenominados cristianos, y especialmente los católicos y fundamentalistas, mantienen actitudes políticas (aunque a menudo bajo formas supuestamente apolíticas) duras, poco evangélicas. Es algo así como los judíos ortodoxos o fariseos que se planteaban cumplir una ley, en desuso ya en aquellos tiempos, apedreando a la adúltera. Es curioso que una plataforma de la derecha religiosa republicana por Alaska intentase introducir leyes, durante el mandato del Presidente Reagan, para penalizar el adulterio.
He conocido a mujeres que trabajaban en centros de planificación familiar donde se realizaban abortos. He convivido bastante con este problema. Los cristianos podemos orar para que no se aborte, por medidas alternativas, evangelizar, demostrar amor para que no haya dureza en los corazones, podemos hacer muchas cosas antes que pedir castigos jurídicos o, aún mucho menos, como hacen algunas organizaciones antiabortistas, violencia directa. Pedir la penalización no cuesta nada, es sólo verbalizar algo; ayudar y orar ya implica un compromiso cristiano por nuestra parte. Si abortar es pecado (más que crimen) es también consecuencia de nuestros propios pecados de omisión: de la falta de ejemplo y de evangelización por parte de los cristianos ante la propia sociedad y ante el mundo.
Cada día mueren más de 30.000 niños por desnutrición y enfermedades fácilmente controlables con una medicación básica mínima (de la que desgraciadamente carecen). Ellos son niños y no fetos o proyectos de niños, y los cristianos hablamos menos de ellos que del aborto. ¿Es que se trata de una forma de nacionalismo por el cual los fetos españoles o occidentales “cuentan más” que los niños subsaharianos o haitianos? (¿Eso es racismo, ser cortos de vista, insensibles o simple egoísmo?). Más nos valdría buscar la misericordia con el necesitado antes de dedicarnos a “reñir” sobre un tema tan espinoso sobre el cual no podemos decidir directamente y que, además, apenas aparece en la Biblia.
No hagamos como la Iglesia Católica (y especialmente la Jerarquía española), siempre entrometiéndose en toda clase de asuntos políticos e intentando imponer sus particulares opiniones a una sociedad que, católica o no, generalmente no las comparte, sea en aborto, en subvenciones a escuelas religiosas privadas, etc.
Preocupémonos más de la dignidad de la vida extrauterina: de los ancianos y enfermos que van a morir sin el Evangelio, de la evangelización de los niños (acechados por teles e Internet), de presos, del Tercer Mundo que viven infiernos en la Tierra.
Antes que el feto, están los niños ya constituidos que se mueren de hambre, genocidio o enfermedad. Es dificil oponerse al aborto, que implica a la madre (y a veces al padre), pero para ayudar a los niños en necesidad, para eso no hay limites. “Contra el amor, no hay ley”, dice el apóstol. Por ej., en vez de preocuparse tanto por templos excesivos, dedicar el dinero a esos niños. Naturalmente que el clero actual los dejará morir sin remordimientos de conciencia: son así “de cristianos”, y ya sabemos que actúan así, y ellos, si quieren, también saben como son.

El derecho a la vida según el clericalismo vinculado al Poder económico-político
El clero pretende solucionar el tema del aborto recomendando el voto para los partidos conservadores y ultraconservadores (extrema derecha) que les dan prebendas (proclaman la cuestión para buscar la solución que les interesa: favorecer a sus mecenas). En realidad el aborto tiene mucho de excusa hipócrita para el maridaje político con partidos que provocan la miseria, las guerras y la injusticia en muchos lugares (como Bush, Aznar, etc.). Pero así tienen montado el negocio.
Cuando se preocupen tanto de los niños que mueren de hambre o de las guerras, me creeré esas proclamas antiabortistas. Ahora me es imposible creerlas.
Sabemos históricamente que las iglesias suelen colaborar con las Dictaduras más abominables: desde Hitler a Pinochet, de Franco a Mussolini, e incluso bastantes con las comunistas. El clero ha demostrado repetidamente ser muy cobarde, materialista y convenenciero, lo que no es de extrañar dado que no se parece al sistema pastoral de la Iglesia Primitiva, sino que se trata de organigramas humanos bastante corrompidos.
E, igualmente, antes de pedir la pena de muerte (*), preocupémonos más de los presos (Hebreos 13:3). La pena de muerte es cosa de las autoridades, no de los cristianos. Porque los cristianos no tenemos por misión ser jueces ni carceleros de nadie, ni hay base bíblica suficiente para entender que tengamos que ser partidarios de que se instaure la pena de muerte (recordemos, en Génesis, lo que hizo Dios prohibiendo que nadie matase a Caín, un asesino de su propio hermano).

(*) El 90% de penas de muerte de todo el mundo se ejecutan en el gigante asiático, China comunista, para tráfico mundial de órganos. Los liberales e izquierdistas occidentales siempre se quejan de los EEUU sobre temas de pena de muerte, ignorando descaradamente que EEUU, en comparación a China, casi que no mata a nadie.

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