Tesis por una iglesia con orden apostólico

TESIS POR UNA IGLESIA CON ORDEN APOSTÓLICO

1.-PROFETAS Y APÓSTOLES FRENTE A LOS ASALARIADOS
Muchos grupos han relegado a los profetas (los que predican contra los males morales y sociales concretos que también suelen fomentar los líderes religiosos) y a los apóstoles (“enviados”) a seres exclusivamente del pasado (y, a veces, para “confirmar” sus opiniones, caso de tenerlos cerca, los han expulsado de “sus sinagogas”). Por no reconocer la autoridad escogida o los llamados por Dios para cada aspecto, hay mucho desequilibrio, vergonzosa desunión y falsa autoridad humana y sectaria. La mayoría de “evangélicos” da por buena la autoridad de asalariados (no digamos ya de los no-evangélicos), a pesar de lo que el Señor dijo en Juan 10:12-16: “Mas el asalariado, y que no es el pastor…Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil…”. Pero, como dice el Salmo 82: “No saben, no entienden…”. Hay muchas ovejas dispersas por culpa de asalariados y malos pastores, que son de otro redil, y las denominaciones suelen preferir mantener todas sus falsas ortodoxias, tradiciones humanas fósiles, estatutos, etc. antes que ir a buscar a estas ovejas perdidas. “Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía” (Jn. 10:6),
Los profetas son como Pablo: “para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis” (1ª Tesal. 1:4-5). A veces ha habido, y hay, grupos religiosos que fortalecían “las manos de los impíos, para que nin guno se convirtiera de su maldad” (Ez. 13:22). Entonces Dios les envía “un poder engañoso para que crean mentira” (2ª Tesal. 2:11). “El les dio lo que pidieron” (Salmo 106:15).
El sacerdote del Antiguo Testamento, como el asalariado denominacional de hoy, podía realizar su trabajo rutinariamente, incluso sin inquietudes espirituales. El profeta no. Aún cuando los demás callan, el profeta debe hablar, quiera la gente oirlo o no. El profeta debe luchar por ir más allá de la superficial religión popular de consumo. El sacerdote debía preservar el estado prevaleciente de las cosas, “el orden” (dado), así como el asalariado hoy preserva las tradiciones de las que le llega el sueldo y el mantenimiento de su familia, en un juego de equilibrios entre lo que le piden, lo que cree, lo que sabe mejor, etc. Pero el profeta debía penetrar e interpretar el presente a la luz del pasado y luego ayudar a garantizar un futuro. Así, los asalariados llenan los sitios de honor en las reuniones, y los profetas coleccionan los desprecios, en los últimos lugares y, a veces, la cárcel y la muerte, por ser los médicos que exponen las llagas no agradables de ver ni de reconocer (hay muchos dentistas que tratan las caries de los grupos religiosos con el oro reluciente de los donativos, pues “el Señor les envía” prosperidad). El profeta lleva el yugo para que otros lleguen a ser libres. El amor a la libertad en Cristo suele crecer a medida que se conoce la sumisión de la gente a la tiranía y a los horribles ídolos del pasado que brillan, lustrados por los labios resecos de la gente que prefiere la esclavitud vital y religiosa.
“Los más violentos asaltos que el cristiano interior tiene que conocer, provienen de los cristianos que pretenden ser norma –los que tienen una devoción al Señor, una falsa devoción. Hay un carácter vil dentro de estas personas, malicia e hipocresía. Los creyentes con vida interior se dan cuenta, y de alguna manera este reconocimiento provoca hostilidad de los que se oponen a la vida interior. Casi parece ser un conflicto entre ángeles y demonios” (Jeanne Marie Bouvières de la Mothe Guyon, Madame Guyon, 1648-1717, líder del quietismo francés, encarcelada 4 años en la Bastilla).
El diezmo es del antiguo pacto y no aparece en el NT. Allí se refiere a evangelizar “sin zurrón”, aunque “no poner bozal al buey que trilla”. Eso puede significar que el pastor tiene derecho a comida y techo. ¿A más? Pablo cosía tiendas para ganarse la vida y era el apóstol de los gentiles. También Jesucristo habla contra “los asalariados”. Un pastor cuidadoso tiene que temer ser considerado “asalariado”, puesto que el Señor mismo previene contra ellos. No temer es un signo de ligereza espiritual, pues claramente dice el apóstol: “Sin embargo, no hemos usado de este derecho, sino que cubrimos todos nuestros gastos, para evitar cualquier tropiezo al Evangelio de Cristo” (1 Cor. 9, 12).
Muchos cristianos no desean realmente encararse con los hechos. Pensar cuesta mucho. Se sienten como niños que necesitan que alguien siempre les mande y consuele y les diga que todo va bién. Viven en un mundo devocional idílico, con los ojos cerrados a las verdades inquietantes, y los oídos sólo abiertos a las alabanzas para las obras de sus manos o de las de sus indiscutidos “líderes” (que detentan una curiosa versión “protestante” de la “infalibilidad” papal). Y si estos vigías se han dormido, incluso eso parece tranquilizarlos: Paz y reposo y que falte la visión (que les pudiese hacer trabajar más y “meterse en líos”). Sobre todo no escuchar “críticas” a su dulce rutina religiosa somnolienta. Ezequiel 33.

2.-ÉXITO PASTORAL
Hoy en día se cree que “el pastor” exitoso es quien se queda en el mismo lugar el máximo de tiempo posible. Pero en la iglesia primitiva era el que hacía que sus discípulos crecieran rápido para tener libertad de moverse y cumplir una nueva tarea, llegar hasta aquellos confines donde el Evangelio era desconocido. Dejaba a la iglesia en manos de sus discípulos y obreros nacionales y salía a lugares sin obra, necesitados de la misericordia de Dios. No gastaban en ampliaciones de locales, sino de la obra misionera, no en templos de piedra sino de carne.
Hasta tal punto las denominaciones de asalariados de hoy han subvertido la Iglesia apostólica conformándola a una rutina mediocre y sin visión.
Una iglesia madura es necesariamente misionera: esto es manjar sólido, más allá de los rudimientos en los que se quedaron las denominaciones regidas por asalariados tan acomodaticios como la grey.

3.- LA IGLESIA LOCAL
No pueden haber muchas iglesias “locales” en una misma ciudad. Tal definición -típica de los grupos llamados “evangélicos”- es una contradicción en si misma. En el Nuevo Testamento sólo se habla de iglesia local y de Iglesia universal. No existe algo (es la voluntad de Dios que no aparezcan en el Nuevo Testamento) llamado denominación, iglesia del Estado, etc.: tales apaños son religiosidad humana organizada.
Lo que hay es una sola iglesia local troceada por cerrazones, falta de misericordia, competencia entre grupos (a menudo en afiliación de “miembros”), y rígidas estructuras sectarias de autoridad humana (también por diferencias teológicas sinceras).
Pastores y ancianos deben ser los primeros en dar ejemplo y someterse y ayudarse mutuamente con solicitud y amor ferviente. Cerrarse y considerarse autosuficientes es lo que hacía la orgullosa iglesia de Laodicea, que el Espíritu reprende duramente al principio de Apocalipsis.
De tal soberbia hay que arrepentirse. Arrepentirse y especialmente del pecado diabólico por excelencia (la soberbia) es una orden de Dios, no una elección de supermercado.
Estar en la voluntad de Dios es estar abiertos a rectificar, aprender y confraternizar por encima de rutinas y de las “santas” tradiciones denominaciones supuestamente “evangélicas” (avant la lettre, pues que se es “evangélico” se demuestra practicando el Evangelio en la vida diaria, no porque asistas a una iglesia que se autodenomine “evangélica”). La tradición nos hace decir: “Ah, no, de ninguna manera, Dios quiere las denominaciones tal como son” (“Así me lo enseñaron y así lo aprendí yo”).
Decidimos que la Biblia es nuestra única regla de fe y práctica… siempre y cuando no entre en conflicto con nuestras tradiciones y jerarquías, que tienen la fuerza de lo inmediato y directo, de lo visible, organizado e impositivo. Todas las iglesias hacen lo mismo al envejecer y anquilosarse, como la Iglesia Romana, cada vez han ido dando más margen a las propias jerarquías y tradiciones y, por supuesto, quien no esté de acuerdo, ahí está la puerta para salir “a condenarse al mundo”. Tal tipo de chantajes emocionales y religiosos son absolutamente contrarios al espíritu de Cristo.
La Biblia está muy bien para llevarla los domingos bajo el brazo, tal como los fariseos se alargaban los filacterios, pero de ahí a proponerse entenderla para cumplir toda la misericordia que demanda…eso es otra cosa, pues es pedir mucho y exigir pensar mucho cada día.
Así que la Biblia en las iglesias “evangélicas” se venera (a veces como a las reliquias de algún “santo” o al estilo que los católicos veneran imágenes) pero no se cumple ni se atiende cuando plantea cosas distintas a “la santa tradición denominacional”.
Al no hacer vivo lo que se dice seguir, es decir, la Biblia, en vez de venerar a su Espíritu vivo, se convierte en mero dogma idólatra: los fariseos también llevaban trozos de las Escrituras cosidas a sus vestidos, pero eso es simple forma y apariencia que denota religiosidad, fanatismo y ostentación, no sinceridad vital.
En muchas iglesias se alaba honoríficamente a las Escrituras, como en una vistosa vitrina de maderas nobles, pero las cosas se llevan como deciden las jerarquías “omnipotentes” y sus estatutos asociativos internos redactados por hombres (de la empresa religiosa).
Al no utilizarla para lo que está (Vida para Luz y Misericordia), la Biblia acaba por convertirse para quien así actúa en un ídolo decorativo: una bibliolatría (idolatría a la imagen de la Biblia).
Rechazar sin razones bíblicas, o ignorar a otros siervos, iglesias… “excomulgarlos” de hecho por prejuícios y no por pruebas ni por criterios bíblicos, es algo muy grave: no discernir el Cuerpo de Cristo. Es actuar tal como Diótrefes según 3ª Juan 19 y 10: “…no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia”.
Hoy en día desde luego que siguen dandose casos así, y además muchos, e incluso peores: asalariados que intercambian entre ellos información confidencial (a veces chismorreos e incluso falsedades) sobre cristianos individuales, sobre todo si éstos dejan una “iglesia local” para entrar en la otra. Algo indigno de buenos pastores pero muy propio de asalariados que sólo se preocupan realmente de mantener un orden idólatra y su futuro laboral con el menor esfuerzo.
No discernir el Cuerpo místico, la universal Iglesia invisible de Cristo nos debilitará y desnutrirá, provocará muchas divisiones (y muchas hay visiblemente, y también internas, escondidas, y obviadas), y acabaremos, a través de la soberbia, convirtiendo las denominaciones en lo que algunas ya son en la práctica: grupos sectarios.
Tal cosa como la total autonomía que permita la incomunicación es una idea muy cómoda a los líderes denominacionacionales enemistados, pero es algo totalmente extraño a la Palabra. Lo que debe haber es interdependencia y justicia, los creyentes debemos ayudarnos y depender unos de otros si realmente lo somos (Efesios 4:25).
Pero todas las denominaciones hacen lo mismo al anquilosarse. En la Iglesia apostólica el funcionamiento era algo así como líquido o gaseoso, los organigramas como tales no existían, los cargos no eran honoríficos sino de servicio, no se comercializaba el Evangelio reducido al “aceptar a Cristo” como si fuese un producto, sino que se practicaba.
La gracia de Dios no puede considerarse tan barata y menos para favorecer la avaricia y la soberbia de organizaciones religiosas que tratan a las ovejas como si fueran cosas.

4.-POR UNA IGLESIA INDÍGENA
Es necesaria e indica madurez y espíritu misionero en Justicia. Eso implica estar enraízados en el lugar, con mayoría de gente autóctona, con ministerios, ancianos y pastores indígenas. Sólo así se podrá ramificar y crecer en cada país de forma significativa, equilibrada y sana.
De lo contrario, será sólo una planta extraña, exótica, mal aclimatada, y será mimética, importando y copiando indiscriminadamente las modas (y a menudo los problemas, defectos y prejuícios) de otros países, sin ser capaces de entender y adaptarse, de encajarlas ni digerirlas bién para el pueblo local concreto, con sus problemas propios de comprensión y sus carencias concretas e intransferibles.
El Estado español ha concedido a las denominaciones evangélicas de la FEREDE el estatuto de “religión de notable arraigo”, pero tal concesión es una quimera teniendo en cuenta que la membresía evangélica-protestante representa apenas un 0’2% de la ciudadanía. Eso no es “notable arraigo”, sino campaña electoral de los políticos españoles. Es sólo un título halagador concedido por motivos políticos: los gobiernos quieren tener contentos a los votantes antes con halagos que con algo que les saliese más caro. Y queda muy bién para los líderes “evangélicos” que, con un 0’2% de la población, todo un Gobierno les adule diciéndoles que tienen “notable arraigo”. Si además el Gobierno es de políticos poco afines a la Iglesia Romana, verán en otras religiones, aliados útiles para el caso. Es decir: politiquería.
El estilo de trabajo de imitar acríticamente es extremadamente peligroso, pues pone su punto de referencia en una imitación servil lejana, siendo irresponsable ante la capacidad de comprensión del país a evangelizar, acabando, por su propio carácter de “flor de invernadero”, por depender básicamente del “Hermano Anglosajón” (o del Norte en general) que paga para “las misiones españolas”. Eso es hipotecarse al extranjero. Una especie de inmadurez propicia en extremo la importación/propagación del marketing religioso más interesado, que nos llevará a un círculo vicioso de falta de capacidad para comunicar a nuestro propio pueblo y a imponerle diversas circuncisiones culturales (luego se despreciarán los factores culturales alegando una superespiritualidad abstracta y orgullosa, cerrada y exclusivista). Es corriente que los obreros nacionales cambien sus costumbres, alejándose de su propio pueblo (en unos fenómenos sicológicos conocidos como imitación del poderoso y/o complejo de inferioridad) tanto en lo malo como en lo bueno y en lo indiferente, e incluso acostumbrándose a un interesante mayor nivel de vida (esto se ve más claro en países pobres).
Sin embargo, la identificación concreta es básica, Cristo se identifició siempre, también en lo material y en lo cultural, y sistemáticamente lo hizo con los grupos bajo prejuício y sospecha, despreciados por la religión oficialista: mujeres (supuestamente impuras), enfermos (supuestamente castigados por Dios), samaritanos (supuestamente abominables), etc. Los apóstoles, en Judea, no se romanizaron ni se helenizaron, fueron judíos hasta el tuétano y para nada cambiaron de lengua para adoptar la oficial del Imperio (griego en su parte Oriental). Sólo adoptaron el griego u otras lenguas y costumbres cuando se hicieron misioneros en otras naciones.
Sólo las herejías han despreciado el mundo material, negando por ejemplo que Cristo haya venido en carne (2ª Juan 7), que es doctrina del Anticristo, o el Islam que niega que Cristo muriese en carne. Los gnósticos y maniqueos menospreciaban la materia como algo malo. Los montanistas y cátaros eran extremadamente puritanos, desconsejaban el matrimonio, etc. El enclaustramiento de la Iglesia Katholiké (que paradójicamente significa “Universal”) en Iglesia de Estado fue de la mano a identificarse escasamente con las muchas nacionalidades bajo el yugo de Roma (galos, íberos, britanos, númidas, tracios, etc.), así como en no aventurarse mucho en ir más allá de las fronteras del Imperio, a evangelizar a los pueblos bárbaros (es decir, extranjeros al Imperio, como germanos, escitas, partos). Ahora se repiten esos mismos errores e igualmente se cae también en el anquilosamiento e incluso en la herejía espiritual en la práctica.
El Evangelio de Juan expresó en términos de cultura griega (incluso filosóficos) lo que el Evangelio de Mateo se expresaba en términos muy judaicos: ya desde el principio el Espíritu Santo realiza adaptaciones culturales, nacionales (inculturación) de su mensaje. Si una iglesia no se inculturiza, no se indigeniza, se limitará a copiar e importar indiscriminadamente las modas, y también a menudo los problemas y defectos de otros países, sin ser capaces de asimilarlas, encajarlas, digerirlas y  explicarlas en términos significativos y naturales al pueblo concreto.
De ahí nacen engendros para el autoconsumo como el llamado “lenguaje de Canaán”, jerga religiosa de las iglesias evangélicas que se supone obligatoria para demostrar “superespiritualidad” según unos parámetros denominacionales totalmente abíblicos, que significan un emboltorio absolutamente oscuro, innecesario y pesado para el pueblo que se supone deben o quieren evangelizar.
Tal estilo de trabajo es muy peligroso, pues es autosuficiente e irresponsable ante el prójimo, no se humilla ante el pueblo autóctono concreto, sino que es autista (sin amor ni sensibilidad) y depende exclusivamente de su propia estructura hipotecada al exterior (a menudo un exterior insensible, desconocedor de la situación concreta, a veces de países extranjeros de un nivel de vida más alto). De esta manera se propicia una importación de quincallas ideológicas que oscurecen el puro Evangelio, así como la aceptación acrítica de los prejuícios mundanos (como los racismos: caso del antisemitismo en iglesias alemanas o del racismo contra los indios en iglesias latinas o criollas, o del racismo anticatalán en españolas, etc.) que pueden llegar hasta el genocidio militar (como el de Guatemala contra las etnias mayas en los años 1980, a cargo de un dictador de una secta seudoevangélica, Rios Montt, o el de Franco en España contra las lenguas no-castellanas) o cultural (al marginar totalmente las lenguas autóctonas del culto, despreciarlas y perseguirlas), como en Australia contra los aborígenes, en Valencia o Galicia contra la lengua autóctona, etc. Todo esto lleva a un círculo vicioso de falta de capacidad para comunicar al pueblo circundante y a imponer sistemáticamente la “circuncisión cultural”, al estilo de los judaizantes.
Luego, en una nueva huída hacia adelante, se despreciarán los factores culturales, lingüísticos (de los pueblos sin respaldo jurídico-estatal), económicos, etc. alegando un pietismo fundamentalista ciego: las herejías han sido casi siempre superespiritualizaciones que desdeñaban aspectos físicos del hombre o de Cristo (fariseos, maniqueos, monofisitas, nestorianos, gnósticos…). Tales “superespiritualizaciones” -tan ostentosas como cojas- para nada provienen de Cristo.

5.-LIDERAZGO DEL PROPIO PUEBLO INDÍGENA
En las Escrituras, pues, se establece que se reconocían a los pastores entre los miembros de una determinada iglesia. “… os rogamos hermanos, que reconozcáis a los que con diligencia trabajan entre vosotros, y os dirigen en el Señor y os instruyen, y que los tengáis en muy alta estima con amor, por causa de su trabajo. Vivid en paz los unos con los otros” (1ª Tes. 5:12-13). ¿Entonces por qué se contratan pastores de otros lugares para pastorear una comunidad de “aquí”? ¿Cómo se pueden cumplir los requisitos bíblicos para el cargo si nadie le conoce?. O, mejor dicho: ¿…si los que le tienen que rendir obediencia y sumisión a causa de su ministerio y buen testimonio, acaban de conocerle?
Todo líder genuíno se forma por los golpes de la vida y las necesidades, no porque le den “el cargo de líder”, y levanta a otros líderes con sus ministerios reales sobre necesidades evidentes. En cambio, los asalariados lo que suelen hacer es combatir, discriminar y perseguir a los profetas y a los líderes naturales para el pueblo sin evangelizar.
El líder genuíno forma discípulos y no los usa para su propia conveniencia o autoridad, sino para ministrar y desarrollar a otros. Pero ciertamente, por no consentir en un mínimo de misericordia para tanta gente marginada por la religiosidad cegata, que secuestra las verdades bíblicas para disfrazarlas con severos y repelentes dogmatismos y ritualismos que las hace irreconocibles, a veces hay “líderes” que montan una especie de “club de fans” (religiososo) dónde “piden por Dios y no dan ni a Cristo” (con perdón por la gráfica y popular expresión).
Si estos líderes genuínos son del pueblo indígena (maya, navajo, gallego, catalán, bretón, galés, frisón, etc.) estigmazado por prejuícios y estereotipos de parte de la nación estatal dominante (criollos hispanos, franceses, españoles, anglos, etc.) sin duda no serán fácilmente aceptados por unas estructuras denominacionales organizadas según estas mismas rutinas, racismos e intereses creados.

6.-POR UNA IGLESIA NACIONAL, NO DEL ESTADO
En el Nuevo Testamento aunque ya no hay “judío ni griego” sí que hay iglesias judías, griegas, romanas… según su nación y lengua. Pentecostés abre el camino.
El Estado al principio era único (Imperio Romano), pero las iglesias se adaptaban a las características nacionales de cada una de las nacionalidades o etnias o culturas del Estado Romano. Se tratan de iglesias nacionales (que no estatal): la iglesia siriaca hablaba arameo, la egipcia copto, la armenia, la etíope…. En latín se utiliza “gens” para dar la idea de nación o etnia, y se identifica con una lengua determinada y privativa. El mismo Pablo hace la diferencia y aclara en Hechos que él es ciudadano romano (dato jurídico-político, estatal), pero judío de nación (dato cultural, étnico, nacional).
Hay que diferenciar entre iglesia nacional e iglesia estatal. Los apóstoles nunca crearon una iglesia de Estado o del Imperio, sino iglesias locales con sus propias formas nacionales o indígenas (la judía, la griega, la siriaca, la copta, la romana, la armenia…). Una nación es la obra secular de la Providencia en la Historia humana, depende de factores culturales, lingüísticos, históricos. Las naciones pueden tener Estado independiente propio o no. Lituania, Armenia, Irlanda, Croacia, Ucrania, Eslovaquia, Macedonia, los judíos (Israel)…son ejemplos de naciones que pasaron a tener Estado propio a lo largo del siglo pasado desgajándose de Imperios poderosos (Rusia, Turquía, Austria. Inglaterra…)…Pero hay otras muchas más que lo tuvieron y lo perdieron y ahora todavía no lo recuperaron o quizá no lo tendrán nunca (Kurdistan, Tibet, los bereberes, esquimales, quechuas, maoríes…Escocia, Gales, el País Vasco, Catalunya *…), sin embargo sí que tendrán siempre derecho a ser evangelizados con respeto, según el modelo de Pentecostés, sin discriminaciones ni prejuícios. En la historia de la Biblia, las traducciones a lenguas populares siempre ha sido un dato muy relevante y que han marcado hitos (tanto de desarrollo humano y civilizatorio como cultural, a menudo dotando de escritura y gramática a lenguas antes no escritas), sin embargo aún existen más de 2000 lenguas en el mundo sin ninguna porción bíblica traducida.
Un Estado es una estructura política artificial (cuyas fronteras no coinciden con las lenguas y pueblos indígenas y son variables históricamente), una nación es cultural y natural. Casi todos los Estados poseen muchas naciones y lenguas distintas, es decir, son plurinacionales. Así, Nigeria posee unas 300 etnias distintas e innumerables lenguas, Etiopia 82 lenguas distintas, Francia 8 además del francés y sus dialectos, Italia 9 además de sus dialectos (muy distintos entre si)…Los Estados se constituyeron a base de guerras, y a menudo sus fronteras las decidieron diplomáticos y militares que poco sabían de ellos, incluso trazando líneas rectas con una regla, cortando así en partes a naciones naturales preexistentes.
En la Biblia se diferencia claramente lo que es Estado de lo que es nación, por ej. en Hechos 26:4, Pablo se reclama de nación judía, aunque el Estado era el romano (sería como decir ahora, de nación maya y ciudadano mejicano, o de nación catalana y ciudadano español), ver Hechos 22. Usualmente, por interés de los propios Estados, ellos se autodenominan “nación” con el fin de acallar los derechos de las minorías nacionales que contienen y someterlos a la voluntad de los políticos que detentan el poder. De esta manera las naciones originarias quedan marginadas, ignoradas, acalladas e incomprendidas, tal como si no existiesen. De tal manera no sólo no se llega adecuadamente a los pueblos “naturales”, sino que se colabora por pasiva en su opresión y en circuncidarlos innecesariamente, como si ser distintos a la etnia dominante de un Estado fuese algo deshonroso o perverso en sí, “fortaleciendo la mano de los malos” que quieren subyugar a pueblos indígenas y asimilarlos a la fuerza al Estado dominante por simples ambiciones políticas de sus poderosos. Cristo dijo que “los gobernantes de las naciones las dominan como si fuesen sus propietarios y los grandes las mantienen bajo su poder. Pero entre vosotros no ha de ser así” (Mt. 20:25-26).
Así se crean iglesias de estructura colonial, cuyos miembros hacen escasos esfuerzos por arraigar porque lo perciben como pérdida de sus privilegios (lengua de Estado, mayor nivel económico, etc.).
Es revelador, por ej., el carácter tan poco autóctono en membresía e idioma de la mayoría de iglesias “evangélicas” en territorio español, donde además del castellano-andaluz (español) se hablan otras 9 lenguas, algunas muy divergentes como el vasco o el bereber de Melilla.
Pero es que el actual clero cristiano tiene las mismas tentaciones que el clero judío de tiempo de Jesús: apoyar al César (Estado) por encima de una Justicia que les resulta incómoda. “Pilatos intentaba liberarlo, pero los judíos gritaban: “Si lo sueltas, no eres adicto al César. El que se hace rey a sí mismo se declara contrario al César” (Juan 19:12).

*Veamos unos ejemplos clásicos y tradicionales en qué queda claro para los castellanos que, por ej., Cataluña es “nación” distinta a la propia:
(Cataluña és) “una nación que para ser aborrecida sólo aguarda a ser tratada” (Francisco de Quevedo, el gran escritor castellano antisemita y anticatalán, en “La rebelión de Barcelona”).
(No hay) “ninguna nación más conservadora de las amistades, ninguna más difícil en soldar sus quiebras” (Tirso de Molina, en “El bandolero”).
“Y es de suerte/
que con ser tan belicosa/
nación ésta y tan celosa, /
no ha sucedido una muerte” (Pedro Calderón de la Barca, a “El pintor de su deshonra”, refiriéndose a Catalunya).
“esta gallarda nación/ que con fiestas se divierte” (Agustín Moreto, en “El desdén con el desdén”, habla así de Catalunya).
“Parece estar aquella nación a mil leguas de la gallega, andaluza y castellana” (“Cartas marruecas”, de José Cadalso, siglo XVIII).

7.-MISIÓN Y FINANCIACIÓN: DE QUIÉN DEPENDER (O QUIEN PAGA, MANDA)
1º. Llega un pastor-misionero a una iglesia necesitada de dirección y enseñanza.
2º. Se adapta a los deseos y necesidades de la congregación.
3º. La congregación… encantada, porque no tienen que pagar ni un euro.
4º. Al poco, el pastor va introduciendo el “catecismo” de su misión.
5º. El paso siguiente es la dirección de la iglesia bajo los conceptos de la misión.
6º. Los dirigentes de la iglesia son ahora los autorizados por dicha misión…
Eso no es el modelo del Nuevo Testamento (1ª Tes. 5:12-13).
La iglesia local tiene que ser nacional (esto es, cultural-lingüística, que no es lo mismo que estatal) y autofinanciarse: no depender del extranjero. Tal cosa como el sostenimiento de pastores con fondos del extranjero no es el modelo usual en el Nuevo Testamento (más incorrecto es depender financieramente del Estado como hace la Iglesia Católica o la Luterana en ciertos países, en tales casos es un cambalache político –prostitución religiosa- con los poderosos corruptos, con lo que las autoridades religiosas hipotecan la grey a los lobos rapaces). Es normal entre el pueblo llano considerar que cobrar del extranjero es propio de “empleados de una religión extranjera” (que “predica” porque le pagan). La iglesia nacional no tiene por qué vivir bajo tal sombra: aún cuando sean ideas distorsionadas, no tiene por qué hacer tropezar al débil que lo perciba así.
Por otra parte: ¿qué pasaría si faltara de golpe ese dinero del extranjero?. Hay que fomentar la responsabilidad. Los miembros no suelen ser del todo responsables, pero los discípulos sí.
Y no se puede negar que los que pagan normalmente mandan, sean políticos de Estado o iglesias extranjeras que mandan misioneros. Es necesario, en cambio, que los pastores se sientan responsables ante su congregación antes que delante la Misión, pues la iglesia extranjera originaria no puede saber directamente qué sucede en la misión ni si los líderes cometen abusos, ni tampoco entiende bién si la inculturación del mensaje bíblico se realiza con unas mínimas garantías o no, pues muy a menudo los misioneros carecen de preparación real y de sensibilidad en estos temas.
Si la Misión paga, lógicamente el asalariado misionero va a sentirse responsable ante la Misión, y puede caer en la tentación de jugar a las estadísticas de “nº de miembros, bautizados, etc.” y a la marginación o persecución contra “los rebeldes” que le reclamasen una mejor inculturación, más libertad al compartir o menos autoritarismo.
Por este camino, los ancianos pueden sentirse intimidados o condicionados por los líderes de la misión, y se dejarán influir por quien paga, de quien en definitiva depende la congregación para seguir funcionando…como funciona. Lo cual es garantía de rutina, inmovilismo y miedos religiosos no bíblicos, de falta de libertad en el Espíritu. Y, además, todo lo cual equivale a poner el dinero en un lugar superior al que le corresponde e introducir levadura de equívocos, conveniencias, silencios cómplices, etc. De esta manera se van creando un tipo de denominacionalismos coloniales, cerrados y poco aclimatados, muy poco implantados en el tejido social de la nación “indígena”.
Una vez establecida una congregación, la Misión debería dejar de enviar dinero y dedicar esos fondos a nuevas obras y no a potenciar un organigrama donde sus componentes prefieren depender de “la sopa boba”. Las subvenciones siempre corrompen y más a los que no quieren esforzarse ni buscar nada nuevo o mejor.
A quien Dios llama, El equipa: y cuando El equipa, El envía. Espera grandes cosas de Dios y emprende grandes cosas para Dios.

8.-LA PROVISIÓN TIENE QUE VENIR DE DIOS
El obrero que desee un ministerio vigoroso tendrá que aprender a confiar en Dios y a ser dirigido por Él. Si no tiene sustento, que trabaje, como Pablo (que trabajaba fabricando tiendas). Que no estipule salario fijo con ninguna denominación que quiera sustituir la dirección del Espíritu con organigramas. Que forme discípulos y que les predique el compartir, la ayuda mutua, incluso la comunidad de bienes apostólica según Hechos 2:44-45: el Reino de Dios, compartir entre hermanos es lo realmente evangélico, lo otro es comercio (religioso). Y si los “hermanos” se niegan a compartir razonable pero generosamente, simplemente es que no son hermanos en el Señor, sino probablemente personas con sentimientos religiosos que no quieren acabar en el infierno pero tampoco dejar de hacer lo que les apetezca.
Pretender una excesiva seguridad bancaria a través de “la obra del Señor”, puede hacernos dependenr más de organigramas y programas humanos (religiosos) que del Señor. Y así sucede lo que J. F. Cooper definió como demagogo: “aquel que mira por su propio interés y aún pretende una devoción profunda por el interés de la gente”. ¡Cuántas veces las ovejas han salido trasquiladas de malas maneras, pero vuelven a tropezar con la misma piedra! Realmente las gentes son tan simples y tan inclinadas a limitarse a las necesidades inmediatas y a las falsas “soluciones” superficiales, que a un engañador (y más si está profesionalizado) nunca le faltarán víctimas para sus fraudes. Por eso el auténtico pastor, que entra por la puerta que es Cristo (no por la puerta que es la denominación), tiene la santa obligación ante el Señor de desmarcarse con claridad de cualquier duda o malentendido y de no pastelear con Mamón ni hacer tropezar a nadie. Tiene que brillar con la luz de la generosidad y la paciencia y la fe en la provisión de Dios, pues, si el ministerio realmente es de Dios, la provisión corre también de su cuenta (no de cuenta de la denominación), y no hay que ir buscando contratos laborales, ni seguros, ni desgravaciones de papá Estado.
Ser pastor no debe ser ningún empleo, sino sólo un ministerio y, por ende, hay que aceptar todos los sacrificios alegremente, como hacía Pablo. El profeta Samuel brillaba al decir: “Atestiguad contra mí delante del Señor y de su ungido si he tomado buey o asno de alguno…”. En Génesis 14:22-23, Abraham se expresa en igual sentido.
Mucho cuidado porque “detrás del dinero existen poderes espirituales invisibles…seductores y engañosos, poderes que exigten una devoción absoluta” (R. Foster). Este mismo autor señala también que el dinero posee muchas de las caracgterísticas de una deídad: da seguridad, libertad, poder, es omnipresente…y ambiciona la omnipotencia. Un avivamiento tendría seguramente un alto precio económico para las actuales estructuras religiosas. No es extraño, pues, que realmente no lo busquen y que lo sustituyan por el “iglecrecimiento” de los afiliados, por la burocracia religiosa. Se siembra burocracia y dinero y se recoje igualmente burocracia y dinero.
El ministro codicioso se convertirá en un charlatán, en asalariado. Las denominaciones funcionan normalmente con asalariados y no disciernen: “Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños” (Juan 10:5). Estos extraños que tienen un “oficio” extraño y utilizan un lenguaje religioso extraño y artificioso (el llamado “lenguaje de Canaán”, incomprensible para la gente de la calle a la que se supone que debemos ir a evangelizar) son los asalariados que no se identifican. “…Pero ellos no entendieron qué era lo que les decía” (Juan 10:6).

9.-DISCRIMINACIÓN Y RACISMOS
Por la naturaleza del pecado, los racismos, derivados de prejuícios, rutina, subdesarrollos económicos y espirituales y estereotipos, son inevitables desde siempre. No siempre es por razón del color de la piel, puede ser por el origen, las formas culturales, la lengua o razones similares.
El egoísmo humano hace que las personas y pueblos que están en buena posición (respaldados por un poder políticomilitar y religioso fuertes o abusivos) opriman y marginen casi sin darse cuenta ni reparar en ello y olviden a los que están en peor situación.
Con la conversión de gentiles durante los primeros siglos ya empezó a colarse el antisemitismo dentro de la iglesia. El mundo tiene sus racismos desde siempre, pero es muy triste que se cuelen dentro de las iglesias que se reclaman de Cristo, es un contratestimonio.
El racismo dentro de las estructuras de la Iglesia visible es algo muy repetido: se puede ver ya en la discriminación de las viudas griegas en la Iglesia apostólica frente a las judías, o en las horrorosas masacres de las Cruzadas contra judíos y musulmanes, en la salvaje colonización de América y otros continentes. O en gran parte de los católicos y evangélicos alemanes que no sólo no ayudaron a los judíos metidos en los campos de concentración nazis sino que incluso toleraron anular las oraciones “por Israel” en sus iglesias por presiones de los nazis y cerraron ojos y corazones ante el Holocausto. Lo hemos visto en los conflictos raciales de EUA dónde los descendientes blancos de esclavizadores de negros han apoyado la segregación racial en escuelas e iglesias, o en Suráfrica donde se instaló durante mucho tiempo un rígido y terrorífico sistema de segregación dirigido por integristas protestantes. Lo vemos en todos los países contra los más débiles (no necesariamente más pobres o de otras razas no blancas, sino más expuestos como cabeza de turco, a menudo minoritarios y sicológicamente en estado de shock). “Sólo quien clama por los judíos tiene derecho a cantar gregoriano”, decía el pastor alemán D. Bonhöffer, asesinado por los nazis.
El mismo Pedro dio muestras de mucha intolerancia y convencionalismo respecto a los no-judíos: Jesús advirtió antes de partir que tenían que ir hasta los confines del mundo (Hechos 1:8), pero cuando llegó el momento de testificar a Cornelio el centurión romano, la tradición racial de Pedro no se ensanchó para dar cabida a un gentil. Al llegar a su casa, sus primeras palabras fueron: “Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero”. ¿Qué diríamos nosotros si alguien viniese a nuestra casa y le soltase algo parecido? (Seguramente le diríamos que por nosotros se podía volver por donde había venido). Y era un apóstol. Si eso lo hacía un apóstol, ¿qué no pueden hacer simples creyentes en esto de practicar el racismo?. Pedro aún añade: “¿Por qué me habéis hecho venir?” (Hch. 10:29) ¿Por qué se muestra Pedro tan reticente?. Por tradiciones, por rutinas que fomentan el prejuício, el desprecio: por el poso racista de la tradición excluyente.
Los gentiles no tenían ningún problema. Disfrutaban del Espíritu. Los tradicionalistas estaban confrontados con un gran problema. ¡Alguien había sacudido sus estructuras y esquemas! Y ¡qué cosas!, había sido Dios mismo. Menos mal, porque si llega a ser otro vete a saber qué hubiera podido suceder, como mínimo expulsarle del grupo.
El poder de la tradición es aterrador. Dios no puede hacer muchas cosas a causa de nuestras autolimitaciones, de nuestra propia esclavitud espiritual autoinflingida. Muchos creyentes son los que prefieren llevar los aparejos del burro para no ver hacia los lados, mirar sólo en una dirección limitada que le señalan. Cada vez que el Señor quiere cambiarnos un poquito siempre hay quién se escandaliza sin motivo justo. ¡Nos es más imprescindible cumplir la tradición que la misma justicia de la Palabra de Dios!. Es asombroso ver la fuerza de la tradición incluso en el mismo Pedro, que luego traería muchos problemas con los judaizantes (ver en Gálatas). Pablo tiene que ponerse serio y reprender a Pedro. Los judaizantes pretenden que para ser cristiano hay que pasar previamente por los ritos judíos, igual que para cierto cristianismo criollo o colonial, pongamos por caso, para ser cristiano hay que vestir a los indios a la europea y obligarles a hablar castellano, o en ciertas iglesias hay que ir con corbata. En las colonias portuguesas de la India los cristianos no concebían ir a un culto si no era con ropas estrictamente coloniales y a la portuguesa.
Detrás de esas imposiciones abusivas de tradiciones y tiesas estructuras autoritarias hay, probablemente, algún mal espíritu de desprecio, de opresión explotación, espolio y violencia, ligado a la concomitancia con poderes políticos corruptos y antievangélicos.
“Cuando los pueblos están sujetos a un mismo imperio, los vasallos tienen obligación de aprender la lengua de su dueño” (1595, Josep Estevan, obispo de Orihuela respaldando una campaña para obligar a los moriscos a abandonar su lengua).
“(Ni) en la más perfecta lengua de los indios se puede explicar bién con propiedad los Misterios de nuestra Santa Fe Cathólica” (1550, el Emperador Carlos I aduce tales razones para imponer el castellano como lengua religiosa en Amerindia -al revés que el Espiritu Santo en Pentecostés).
“Se extingan los diferentes idiomas de que se usa en los mismos dominios y solo se hable el castellano…” (Real Cédula de Carlos III).
“Siempre la lengua fue compañera del Imperio” (Antonio de Nebrija- s. XV-XVI).
Hacer pasar a todo un pueblo por el aro de la circuncisión cultural, de renunciar de plano a su idioma indígena y a sus propias formas culturales (tal como tristemente sucede en tantos países de todo el orbe) es un abuso contrario a Pentecostés y a la Biblia, es cerrazón, falta de respeto, intolerancia y racismo. Pues Dios es partidario siempre del plurilingüismo, desde Babel a Pentecostés. Es aberrante no ofrecer otras oportunidades mejores. Al colonizar a cualquier pueblo indígena, la misma iglesia se está colonizando y degradando espiritualmente a sí misma, cerrándose puertas y una Visión según la pura mente de Dios, que no tiene estas absurdas manías ni esta mentalidad discriminatoria e injusta. Quien discrimina y oprime él mismo está atado al otro extremo de la cadena y se autoinflinge tinieblas y mentira. La identificación, también cultural, del Evangelio, es básica y vital, y no un lujo culturalista gratuíto “para intelectuales”, como hay quien se complace en creer para no adoptar medidas equitativas y razonables.

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Un comentario en “Tesis por una iglesia con orden apostólico

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