Justicia y solidaridad en la Biblia

JUSTICIA Y SOLIDARIDAD EN LA BIBLIA

(Amonestación a los que se desvían, en este caso a la derecha contra las advertencias de la Palabra de Dios)
(O también: Por qué han nacido en Occidente las ideas de izquierda -herencia bíblica y secularización del profetismo-, o amonestación a los que se desvían, en este caso a la derecha contra las advertencias de la Palabra de Dios)

Justicia y solidaridad en la Biblia 01

“Salvará los hijos del pobre y aplastará al opresor” (Salmo 72:4). Ciertamente contundente (si no lo dijera la Palabra muchos dirían que es revanchismo, etc.).
«El que oprime al débil hace ultraje a su creador,
…mientras que el que muestra ternura para con el pobre
hace resplandecer su gloria» (Prov 14,31; 17,5).
La Biblia, contrariamente a ciertos prejuicios difundidos en su origen por los “falsos hermanos” introducidos, como dice el apóstol, para quitarnos nuestra libertad en Cristo, no niega en ninguna parte la liberación social (de la esclavitud, por ej.) o nacional como una parte posible de la salvación espiritual. La promesa de Dios en el salmo 72:4 desdice la versión que cierto integrismo quiere dar a todo aquello relacionado con la fe.
“Pedid, y se os dará; buscad y encontraréis…” (Mateo 7:7).
El tema de la opresión es bastante central en las Sagradas Escrituras, hasta convertirse en una categoría básica, con 14 raíces hebreas mencionadas más de 300 veces. Al libro-doctrina central del Antiguo Testamento (Éxodo), un pueblo-esclavo gana su liberación.
Leemos en los Salmos
“Porque librará al pobre que suplica,
y al desvalido privado de defensor.
Tendrá piedad del débil y del pobre,
y salvará la vida de los infortunados;
rescatará su alma de la injuria y de la violencia,
su sangre será de gran valor a sus ojos”.
(Salmo 72:12-14).
“…no se olvidó el clamor de los afligidos” (Salmo 9:12).
“El Señor hace justicia (=tsedeqah, en el original hebreo) y otorga el derecho a todos los oprimidos (=àshaq) (Salmo 103:6-7).
“Quién oprime (àáhaq) al pobre (dal) insulta el Dios que lo creó; pero quién favorece el indigente (ébyon) hace adoración a Dios” (Proverbios 14:31).
“El Señor es entrañablemente misericordioso y compasivo” (Santiago 5:11). “La misericordia triunfa sobre el Juicio” (Santiago 2:13). De hecho, en el Sermón de la Montaña, Jesucristo dice que Dios tendrá misericordia de los misericordiosos, y el único versículo que Jesucristo repite a lo largo de los Evangelios más de una vez es Oseas 6:6: “Misericordia quiero y no  sacrificio, y que Dios sea dado a conocer (tal y como realmente es), mejor que tanta ceremonia”.
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por esto me ha ungido para dar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a proclamar a los cautivos la liberación y a los ciegos la recuperación de la vista, a dejar en libertad a los oprimidos; a proclamar en el año de gracia del Señor” (Lucas 4:18-19).
Así empezó y así describía Jesús (Jah-shua en hebreo, literalmente: “Dios salva”) su ministerio, refiriéndose a Isaías y a Levítico:
“¿No será, más bién, este otro el ayuno que yo quiero: desatar los nudos de maldad, deshacer las coyuntas del yugo, despachar en libertad los abrumados y romper cualquier yugo? No será compartir con el hambriento tu pan, a los pobres sin hogar recibir a tu casa? Que cuándo veas uno desnudo lo cubras, y de tu prójimo no te apartes?” (Isaías 58:6-7). Véase también Isaías 61:1-8. “Y santificaréis el año quincuagésimo, y pregonaréis libertad por toda la tierra a todos sus habitantes; ese año os será de jubileo…” (Levítico 25:10). Ved también Levítico 25:35-55. El Jubileo implicaba liberación de esclavos y perdón de deudas sociales, cada 50 años: un medio de justicia social bíblica.
«Escuchad esto los que pisoteáis al pobre
y queréis suprimir a los humildes de la tierra
…achicando la medida y aumentando el peso,
falsificando balanzas de fraude,
comprando por dinero a los débiles
y al pobre por un par de sandalias,
para vender hasta el desecho del grano.
Yahvé lo ha jurado por el orgullo de Jacob:
Jamás he de olvidar todas sus obras» (Am 8,4-7).

Justicia y solidaridad en la Biblia 02

En Isaías leemos también:
“¿Qué pensáis vosotros que aplastáis mi pueblo y abofeteais las caras de los pobres?, dice el Señor” (3:15).
“Ay de quienes juntan casa y otra casa, y heredad y más heredades, hasta ocuparlo todo!” (5:8). Como la Presidenta de Madrid, E. Aguirre, que ha juntado una inmensa fortuna con su familia recalificando los terrenos por donde pasaba el TAV Madrid-Barcelona (además de cobrar varios sueldos contra la ley).
“Porque tú rompiste su pesado yugo…y el cetro del opresor” (9:4).   “…juzgará con justicia los pobres…” (11:2-5). “¡Cómo paró al opresor, cómo acabó la ciudad codiciosa de oro!” (14:2-4).
Al Magnificat de Lucas 1-2, María dice: “…dispersó los hombres de corazón altivo, derrocó los poderosos del solio y exalzó a los humildes. Llenó de bienes a los pobres y los ricos se vuelven sin nada” (1:52-53).
La teología oficialista cristiana, a diferencia de la Biblia, no suele ocuparse mucho de este tema. Si el Señor repitiera ahora y aquí Lucas 4:18-19 y  otros versículos, probablemente altas jerarquías saldrían a su paso para desautorizarlo, y le dirían “teólogo de la liberación” y quien sabe si comunista, o incluso extremista y loco. Esto si no intentaban asesinarlo de nuevo.
Pero las 2/3 partes de la Humanidad son pobres mantenidos en las profundidades del subdesarrollo: cada día mueren unas 100.000 personas (de las cuales unos 30.000-40.000 niños) por desnutrición.
Mientras tanto, cada minuto, cientos de millones son invertidos en armamento y cada año ingresa en el volumen global de dinero mundial hacia un 8% más de dinero negro, proveniente del blanqueo del gran narcotráfico y el tráfico de armas, aprobado bajo mano por toda clase de Gobiernos y Bancos de la mayoría de Estados, puesto que sacan enormes ganancias para sí mismos, mediante la corrupción general institucionalizada.
“Que la mesa parada se los vuelva una trampa
y aquello que es su bienestar, una trampa!
Que se les nuble la vista y no vean,
y haz que flaqueen siempre sus lomos!
Arroja encima de ellos tu indignación,
y tu ira encendida los atrape!”.
(Salmo 69: 22-24).

Justicia y solidaridad en la Biblia 04

En Mateo 25 el Juicio Final viene descrito, y el Señor aparta ovejas y cabras según las obras de misericordia hechas a los más necesitados (y en ningún momento habla de ortodoxia religiosa, pues el Evangelio y el Espíritu divino es libre y es vida, no simple declaraciones):
“Venid, bienaventurados. Vosotros, cuándo yo tenía hambre, me disteis de comer…” (25: 34-35). “Os lo digo con toda verdad: Todo aquello que hacíais a cada uno de estos hermanos míos, por pequeño que fuese, me lo hacíais a mí (25:40). No se trata tanto de decir que la salvación es por obras, sino más bien quiero decir que la religión ritual no salva, salva la gracia de Dios a través de la misericordia, pues la fe es activa para el bién (que es lo que da gloria a Dios, “somos creados en Cristo para buenas obras”) sino es “fe muerta” (Santiago).
“No entrará al Reino del cielo todo el mundo quien va diciéndome: Señor, Señor…Yo los diré bien claro: No os he conocido nunca. Apartaos malditos…” (Mateo 7:21-23).
“Yo os digo que sí no sois más justos que los maestros de la Ley y los fariseos no entraréis en el Reino del cielo” (Mateo 5:20).
También Jeremías 6: 20-21, 7:4-5 y 8:7-8. Frente a la comodidad y aburguesamiento y conservadurismo eclesiástico oficial, Pablo amonesta: “No os amoldéis al mundo presente; transformaos…” (Romanos 12:2), y Santiago: “¿de qué puede aprovechar que alguien diga que tiene fe sin demostrarlo por obras? ¿Podrá la fe salvarlo?” (2:14) “Quienes saben aquello que es necesario hacer y no lo hacen, caen en pecado (o les es contado como pecado)” (4:17).
“¡Ay de vosotros, maestros de la Ley y fariseos hipócritas, que pagáis a Dios el diezmo incluso de la menta, del hinojo y del comino, pero habéis abandonado las cosas más fundamentales de la Ley: la justicia, la misericordia, la fidelidad! Sería necesario cumplir esto sin dejar lo otro. Guías ciegos, que coláis un mosquito y os tragáis un camello” (Mateo 23:23-24).
El ministerio de Jesús fue dirigido poderosamente contra el formalismo religioso, contra la levadura superconservadora de fariseos, saduceos y maestros de la Ley, auténtica oligarquia judía de la época, la cual, finalmente, instigó su crucifixión. Y en favor de la libertad espiritual según Juan 3:8, 8:36; 1ª Corintios 7:23, 2ª Corintios 3:17; Gálatas 5:1 y 13; 1ª Pedro 5:3; etc.
Frente a la religiosidad legalista o ritual, Pablo deja claro “que ni un solo hombre quedaría absuelto, si fuera necesario haber cumplido las obras que manda la Ley” (Gálatas 2:16) y que, salvados por la fe en la sangre de Cristo, mantenemos ahora con Dios “una nueva Alianza, no la de la Ley escrita, sino la del Espíritu. Porque la letra escrita mata, pero el Espíritu da vida” (2ª Corintios 3:5-6).
Frente a las obras de la Ley (ritualismo y legalismo) y de la letra muerta, Santiago insiste, en su epístola (probablemente el escrito más antiguo del Nuevo Testamento), en las obras y frutos de la fe y del Espíritu: 1:19-27; 2:17-26. “La fe sin obras es muerta” (2:26). Y Pablo: “…y purificarse para Él un pueblo especialmente suyo, apasionado por hacer lo bien. Así tienes que hablar, exhortando y retomando con toda autoridad. Que nadie te pierda el respeto” (Tito 2:14-15). También en Tito 3:7-8 y 14.
El Señor aclara que “los conoceréis por sus frutos” y que “todo árbol que no da buen fruto, lo cortan y lo echan al fuego” (Mateo 7:15-20, Lucas 6:43-44), Y que “la gloria del Padre es que déis mucho fruto” (Juan 15:4-9). Al mensaje a cada una de las siete iglesias del Asia, al libro de la Apocalipsis, siempre el Señor habla de las obras; también en 20:12-13 y 22:12. Y en muchos otros versículos, como Hebreos 13:21, Gálatas 2:10 y 6:9-10, etc
Las actuales herejías integristas cuelamosquitos y tragacamellos, destierran el mandato de Dios por la Justica, básico punto del Sermón de la Montaña (Lucas 6:20-23, Mateo 5:3-12) y del mensaje evangélico auténtico.
Hay favoritismo en favor de los ricos y de los poderosos en alianzas terrenales por intereses creados muy difícilmente justificables (se ha visto tantas veces y es la misma manera de funcionar del mundo), con olvido de los pobres y marginados, del Tercer Mundo, de la inmigración como nueva trata de esclavos, de las naciones y lenguas sin Estado que padecen genocidio, del tráfico de armas realizado -para Dictaduras genocidas- por los mismos Gobiernos con los cuales muchas autoridades religiosas integristas fornican desvergonzadamente y sin conciencia…; y esto en contra de los consejos de Pablo en 1ª Timoteo 5:21: “observa estas normas sin prejuicios, no hagas ni un ápice por favoritismo” 2ª Corintios 9:8-9. Por cuanto…
“¿Hasta cuándo juzgaréis contra justicia
favoreciendo la causa de los culpables?
Defended a los débiles y los huérfanos,
haced justicia a los pobres y a los desvalidos!
Liberad a los indigentes y los débiles,
arrancadlos de las manos de los injustos!.
Pero no tienen cordura ni entendimiento,
andan a oscuras;
hasta los fundamentos se la tierra tiemblan!
Pues yo declaro: Ni que seais dioses,
ni que seais todos hijos del Altísimo,
como cualquiera hombre moriréis,
caeréis como han caído tantos gobernantes”.
(Salmo 82:2-5)

Justicia y solidaridad en la Biblia 03

En todas partes los fundamentalistas religiosos apoyan a menudo a gobiernos inmisericordes y crueles, que apoyan a Dictadores-títere del Tercero Mundo, que se dedican desvergonzadamente al masivo blanqueo de dinero proveniente de toda clase de turbios negocios (y de los grandes: droga, escandalosos presupuestos militares y tráfico de armamento hacia países pobres gobernados por tiranías sanguinarias, trata de blancas, extorsión, corrupción de políticos y jueces…), con excusas de financiación de sus colegios y seminarios y la imposición a toda la sociedad de sus puntos de vista morales. Leed Apocalipsis 18: 15-16. El moralismo sin justicia no viene de Dios, ni tampoco salva. “¿No sabéis que los injustos no tendrán paso parte del Reino de Dios?. No os hagáis ilusiones!” (1ª Corintios 6:9). “No podéis servir Dios y las riquezas” (Lucas 16:13). “Porque la raíz de todos los malos es el amor a los dinero” (1ª Tim. 6:10).
«Preparan trampas para cazar hombres.
Como jaula llena de aves,
así están sus casas llenas de fraudes.
Así se engrandecieron y se enriquecieron,
engordaron, se alustraron.
Pisan los intereses del amigo,
no juzgan según justicia,
no defienden la causa del huérfano,
ni sentencian el derecho de los pobres» (Jer 5,27-28).
Ved Lucas 12:33-34, 14:33-35. Y Hechos 2:43-47: los primeros cristianos “tenían en común todas las cosas y venían las propiedades y repartían los bienes según las necesidades de cada cual”. Ved Jeremías 8:9-13. Santiago tiene muy duras palabras contra las riquezas injustas (5:1-6), y en 2:5-6 habla de la identificación Iglesia-pobres.
El mismo Jesús nació de una humilde pueblerina, se sometió al bautizo de quién llamaba a repartir los bienes (Juan el Bautista en Lucas 3:10-11). “Rico como era, se ha hecho indigente por vosotros…” (2ª Corintios. 8-9). Y, finalmente, tanto Él como Juan el Bautista murieron a manos del Poder constituído.
La Biblia -a diferencia de la pecadora y prostituída tradición eclesiástica- no busca pactos convenencieros con el poder temporal y con la violencia institucional; los profetas lo demuestran sobradamente. Pero, desde que el emperador Teodosio entronizó el cristianismo (fundando un sincretismo con las tradiciones humanas de los anteriores cultos paganos) como religión oficial del Imperio Romano en decadencia (hacia el 380 d.C.), la Iglesia institucional ha servido el poder, al César para oprimir al débil, se ha vuelto muy a menudo en explotadora de los pobres y cruel. Apocalipsis cap. 17 y 18 ya lo profetizaba.
Dios libró primero al pueblo elegido, un pueblo esclavizado, sin Estado propio, y sólo más tarde le dió el Pentateuco. Igual puede repetir este mismo proceso, ahora, con los diversos grupos oprimidos. Amén.
Dios exige también Justicia frente a conservadurismos que son mero pretexto para el enriquecimiento egoísta y la opresión de los más débiles, “por esto es blasfemado mi nombre entre las naciones”, dice el Señor. La Palabra dice (los predicadores no suelen decirlo) que el Reino de los cielos no entrarán los injustos.
Nos es necesario colaborar, en un mundo rebosante de sufrimiento, para que el Amor de Dios fluya a través de nosotros, los creyentes.

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